La U.D. Melilla enfrenta un doloroso descenso tras una temporada complicada.
El final ya es una realidad. La U.D. Melilla ha consumado su descenso matemático a Tercera Federación tras caer por 1-0 en Huelva, certificando el derrumbe de un club que durante décadas fue referencia en la extinta Segunda B. Se cierra así un ciclo que comenzó en mayo de 1987, cuando el equipo logró el ascenso “con sangre, sudor y lágrimas”, una expresión inmortalizada por el histórico presidente Paco López, que en paz descanse y cuyo legado sigue muy presente en la afición. Aquel proyecto tuvo como gran piedra angular a Totó -también fallecido-, quien regresó a su tierra tras una destacada trayectoria como futbolista en clubes como el F.C. Barcelona, Real Zaragoza, Sabadell o Castellón. Hoy, todo aquello pertenece ya al pasado.
Porque desde entonces han sido muchos los equipos, dirigentes, entrenadores y jugadores que defendieron el escudo azulino con profesionalidad y compromiso, sosteniendo durante cuatro décadas a la U.D. Melilla en una categoría exigente. En ese largo recorrido, además, el club ha contado con una inversión acumulada de millones de euros, destinada a mantener, intentar ascender y hacer crecer el proyecto. Sin embargo, todo ese esfuerzo económico y deportivo ha sido dilapidado en las últimas tres temporadas, echado por tierra de un plumazo por una nefasta gestión de la dirección deportiva y del propio club, principales responsables de un desenlace que no es fruto de la casualidad.
El descenso matemático tras la derrota en Huelva no admite discusión. Es el desenlace lógico de una campaña marcada por la falta de rumbo, la fragilidad competitiva y una alarmante incapacidad de reacción. Pero sería un error limitar el análisis a esta temporada: la caída viene de lejos. Dos cursos anteriores muy deficientes y un tercero con más errores incluso han terminado por empujar al equipo a Tercera Federación, pese a contar con uno de los presupuestos más altos del grupo y con la aspiración inicial de pelear por el ascenso.
La imagen ofrecida en el Nuevo Colombino fue, una vez más, el reflejo de toda la campaña, pero también dejó un aspecto especialmente preocupante: El equipo no jugó con la ambición ni la valentía que exigía un partido a vida o muerte. No hubo esa sensación de estar disputando el todo por el todo, pese a que las opciones eran mínimas y pasaban obligatoriamente por ganar. Faltó intensidad, determinación y ambición ganadorra. Apenas se generó peligro, más allá de una ocasión aislada de Álex Claverías, y se terminó cediendo ante un rival que sufrió para conseguir el gol de la victoria a diez minutos del final. Fue una puesta en escena impropia de un equipo que se jugaba seguir con vida.
Pero este descenso no se explica en noventa minutos. Es la consecuencia de una estructura que no ha funcionado. Cambios constantes de entrenadores, fichajes sin rendimiento, ausencia de identidad y una planificación deportiva errática han dibujado un proyecto sin rumbo.
Como ya se venía advirtiendo durante el curso, no se trata de señalar a una sola persona, pero sí de asumir responsabilidades: la dirección deportiva y la gestión del club han sido claramente deficientes para sostener un proyecto a la altura de la historia de la U.D. Melilla.
La afición, por su parte, vive una mezcla de resignación, impotencia y profunda decepción. Está hundida, desilusionada y cada vez más desconectada de un equipo que no ha estado a la altura. Y lo más preocupante es que este desenlace se intuía desde el inicio de la temporada.Durante meses se ha repetido el mismo patrón: Discursos de reconstrucción, promesas de cambio y una realidad muy distinta sobre el césped. El club que preside Luisma Rincón ha vuelto a caminar por un terreno demasiado conocido, atrapado en un bucle de decisiones fallidas y sin un modelo claro. El resultado es este: un descenso tan doloroso como merecido.
Ahora toca reconstruir, pero no desde la improvisación. Hace falta un proyecto real, coherente y duradero en el tiempo, con una estructura profesional y una identidad definida. Porque la historia del club, la de aquellos que lo llevaron a lo más alto con “sangre, sudor y lágrimas”, merece algo mucho mejor que este triste final, el de una crónica de una muerte anunciada que ha acabado en un descenso más que anunciado.
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