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La Plaza de los Aljibes, una joya arquitectónica que cuenta siglos de historia

A pesar del sofocante calor, son muchos los melillenses y turistas que apuran sus días de vacaciones para visitar la joya histórica de nuestra Ciudad: Melilla La Vieja. Conocer la historia y el legado cultural que encierra cada uno de sus rincones y museos, de forma gratuita, y de la mano de guías y azafatas del recinto fortificado, convierten a este enclave, en uno de los mayores atractivos turísticos de la Ciudad Autónoma. Hoy, a través de estas páginas, Melilla Hoy mostrará una pequeña pincelada de una de las plazas más importantes de nuestro entorno: La Plaza de los Aljibes.

Cuando el Primer Recinto de Melilla se convierte en la parte más importante de la ciudad, fue necesaria la construcción de unos aljibes para abastecer a su población. Es durante el reinado de Felipe II cuando se acometen los trabajos de la construcción de los aljibes, una gran obra, que comienza en 1556 y finaliza en 1571.

Estos trabajos se prolongaron durante mucho tiempo, hasta el punto en que comenzaron bajo el mandato del gobernador Alonso de Gurrea; continuaron con Pedro Benegas de Córdoba y finalizaron en tiempos de Francisco Sánchez de Córdoba. Un enorme trabajo que necesitó de un gran equipo de canteros.

A día de hoy, los visitantes pueden apreciar las marcas talladas en los sillares que reflejan la firma del cantero que las labró.

De este modo, la Plaza de los Aljibes de Melilla La Vieja, se convierte en uno de los lugares de más importancia histórica y social de la ciudad.

Ubicada en el corazón del casco histórico, es considerada uno de los principales puntos de referencia.

A esta plaza, que además de los aljibes alberga museos, se accede a través de la Puerta de la Marina o del túnel de Santa Ana, que entonces era el enclave para salir a tierra, puesto que todo estaba rodeado por mar. Sus muros renacentistas, contienen inscripciones que muestran las diferentes civilizaciones que fueron pasando por la ciudad, como la última letra del abecedario bereber o las apreciables cruces de Caravaca, que preceden a la Capilla de Santiago, la única construcción religiosa de estilo gótico del continente africano, creada como espacio religioso y de salvaguarda.

La plaza recibe su nombre por los aljibes subterráneos de las Peñuelas. Tiene cuatro puertas, las dos centrales corresponden a las entradas de los depósitos cuya capacidad es de más de 500 metros cúbicos cada uno, de trece metros de altura y las dos puertas laterales corresponden a los decantadores donde se recogía el agua de lluvia y se purificaba filtrándose en arena y grava.

Su principal utilidad era almacenar y garantizar el suministro de agua a la población melillense hasta el año 1947.

En su fachada principal, puede leerse la inscripción: “En 1º de febrero de 1571 se cerraron estos aljibes, siendo alcayde y capitán de esta Ciudad por S.M. Francisco Sánchez de Córdoba”.

A lo largo de los años, se han llevado a cabo diversas restauraciones y mejoras para mantener estas estructuras en buen estado, aunque su estado actual es prácticamente el mismo que en 1571.

Entre 1680 y 1682, el gobernador Diego Toscano Brito encomendó la limpieza de estos depósitos y en 1699 el también gobernador, Domingo de la Canal y Soldevilla, los mandó terraplenar y fortificar “a prueba de bomba”.

A principios del siglo XVIII el purificador derecho había perdido su función y fue utilizado como abrevadero, fuente pública y almacén.

Entre 1791 y 1797 se adosó una rampa en la fachada principal del aljibe que alteró la parte más visible de la obra, dejando algunas huellas en ella, aunque no afectó a su funcionamiento ni a su estructura interna.

La falta de uso también favoreció su abandono y olvido, hasta que en 1997, con motivo del V Centenario de la Ciudad, fue acondicionado parcialmente para que pudieran realizarse visitas de una forma estable.

En la actualidad, la plaza en sí misma es un espacio abierto y peatonal, escenario de diversos eventos culturales y festivos a lo largo del año.

La Plaza de los Aljibes también es conocida por ser un punto de partida para recorrer el centro histórico de Melilla.

Desde aquí, se puede acceder fácilmente a las principales calles y plazas de la ciudad, descubriendo su riqueza arquitectónica y cultural.

En resumen, la Plaza de los Aljibes de Melilla es un lugar emblemático que combina historia, cultura y ocio. Su importancia radica en su valor patrimonial, así como en su papel como espacio de encuentro y esparcimiento para los melillenses y los visitantes. Vale la pena visitar esta plaza y sumergirse en su encanto único.

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La Plaza de los Aljibes, una joya arquitectónica que cuenta siglos de historia

Redacción

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