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La inteligencia de las gafas

A las gafas les ocurre lo mismo que a quienes las llevan, que pueden ser inteligentes. Es más; acaso el número de las gafas inteligentes sea mayor que el de los portadores inteligentes, si nos atenemos a lo que se espera de aquellas y de éstos. La inteligencia de las gafas radica en su funcionalidad, que no es otra que la de favorecer la visión de las personas, devolviéndoles la percepción correcta, y en consecuencia jubilar, de los contornos, los volúmenes, los colores y los detalles de las cosas.

La inteligencia de los seres humanos que las usan ya es otro cantar, pero en el Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández, de Elche, hay personas tan inteligentes que han creado, y con tecnología íntegramente española, unas gafas más inteligentes aún que las ordinarias. Y más benéficas.

Se trata de unas gafas que pueden salvar vidas, la vida de cualquiera, cuando su usuario sufre un accidente, un asalto, un secuestro o cualquier súbita adversidad que requiera su inmediata localización y su pronto socorro. Mediante un invisible dispositivo instalado en una de las patillas, que incluso puede activarse con la voz del usuario, las gafas trasladan el SOS a la policía, o a una empresa de seguridad, o a la familia, o a emergencias sanitarias, o a los amigos, o a todas partes, comunicando el suceso y señalando la ubicación. Teniendo en cuenta que a la víctima de un rapto o de cualquier agresión, lo primero que le arrebatan es el teléfono móvil desde el que pudiera pedir ayuda, los beneficios de éste invento español son incalculables.

Si, de una parte, admira el talento de los compatriotas, particularmente de los que habitan lejos de las oportunidades para desarrollarlo y concretarlo que ofrecen las grandes ciudades, más admira, de otra, que los inventores de éstas gafas maravillosas permanezcan en nuestro país y no hayan sido deglutidos en la trágica diáspora de nuestras mentes más despejadas, es decir, que sigan en Elche, cabe su Universidad, y no anden por ahí, en Londres, Berlín o Nueva York, entregando a la fuerza, en el extranjero, la inmensa plusvalía de su trabajo.

La inteligencia de España casi siempre se ha tenido que ir, pero en los últimos años, en los de ese gobierno del PP que ahora asombrosamente se reedita, la fuga cobró forma de expulsión y de estampida. Tal vez algún día seamos capaces de crear una clase política, un gobierno, una sociedad, tan inteligente como esas gafas.

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