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Economía

La inflación y el control de precios

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En un escenario inflacionista como el actual, no viene mal entender las posibles consecuencias que trae consigo establecer controles de precios

Los precios se pueden controlar de distintas maneras: (I) Precios vigilados: La autoridad no fija directamente los precios, pero impone al vendedor exponer públicamente sus precios, y la autoridad pretende impedir que los precios aumenten en circunstancias excepcionales. (II) Precios directamente controlados por una autoridad.
En el caso de los precios vigilados, cuando se obliga al vendedor a exponerlos públicamente, estos incorporarán la posibilidad de que la demanda aumente. Cuando se busca evitar que los precios aumenten en circunstancias excepcionales, se provocará un desajuste entre oferta y demanda que agravará el problema, pero sus efectos pueden ser solo temporales. Así, “una avería imprevista en la red eléctrica en una gran ciudad que dejara a oscuras a la población durante varios días provocaría de inmediato una subida extraordinaria del precio de las velas y un notable beneficio ocasional para los vendedores que poseen una buena reserva de las mismas. Si la administración interviene e impone simultáneamente un precio máximo para las velas y la obligación de venderlas hasta agotar las reservas, la medida no podrá tener efectos permanentes ni sobre la oferta ni sobre su precio de mercado, ya que la avería eléctrica no tarda en repararse. La misma intervención puede tener también efectos para el futuro, si los productores y vendedores de velas esperan que se repita un caso semejante y lo tienen en cuenta a la hora de programar los precios y las reservas de velas. Si prevén que cuando se repitan estas ocasiones favorables a la venta de un cierto producto intervendrá la autoridad para impedir que se explote la coyuntura, ello será suficiente para provocar un aumento en el precio para situaciones normales y una disminución del incentivo para aumentar las reservas.”
Cuando los precios son fijados por una autoridad, estos se alejan del precio de mercado, provocando desequilibrios entre oferta y demanda. Estos desequilibrios pueden llevar al racionamiento de los bienes regulados y la discriminación por parte de los vendedores para acceder a estos. Como el objetivo no era ese, sino que las personas con menores recursos tuviesen la capacidad de acceder a estos bienes, se acabarán introduciendo aún más medidas regulatorias: se procederá a racionar la mercancía. Ahora es el gobierno el que se encarga de distribuir la cantidad de mercancía disponible. Pero como indica Mises, el control gubernamental no termina aquí. Una vez distribuida la mercancía, hay que seguir produciendo esos bienes. Si el precio oficial se encuentra por debajo del precio de mercado y no cubre los costes, la producción caerá. El gobierno, por tanto, pasará también a decretar como obligatoria la producción de esa bien. Después, si es necesario para hacer cumplir este objetivo, “tendrá que fijar los precios de las materias primas y productos semielaborados, y acaso también de la fuerza laboral; y luego aún obligar a los empresarios y a los trabajadores a producir y a trabajar a esos precios”. En definitiva, el gobierno tendrá que recurrir al uso de la fuerza para imponer sus objetivos de regulación de precios. A costa eso sí, de acabar con las libertades individuales y hacer uso de la fuerza. El resultado es represión y racionamiento. 
El control de precios ha tenido un papel importante sobre todo tras políticas inflacionistas. Tras el aumento de la cantidad de moneda en circulación, los gobiernos han optado por mantener rígidos controles de precios, llegando a penar con cárcel alteraciones en los precios. Creando por tanto un desbalance entre la nueva capacidad de compra y la oferta de bienes. La demanda superará la oferta, y ante la imposibilidad de aumentar los precios, habrá compradores que no podrán obtener aquellos bienes que desean. Una de las posibles consecuencias es la desaparición del dinero como medio de intercambio en estos mercados, recurriendo al trueque u otras monedas con valor más estable (mercado negro). El gobierno, ya que solo posee dinero y no mercancías, no puede permitir que el poder de compra de la moneda se deprecie más aún porque aquellos que poseen el dinero no puedan utilizarlo para adquirir mercancías en el mercado. A su vez, como comprador de mercancías y fuerza de trabajo, tendrá que saltarse su propio control de precios si quiere adquirirlos, puesto que los vendedores de ambas mercancías no estarán dispuestos a trabajar o a vender sus productos a cambio de una moneda que no es líquida. 
El control de precios como medida aislada es, por tanto, incompatible con la división del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción.

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