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Carta del Editor

La imposibilidad de elecciones anticipadas en Melilla

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Ilustración carta del editor

“La ilegalidad como costumbre”, gran título del editorial de ABC el jueves pasado. Comentaba el editorial de ese periódico lo que ha venido a ser una verdadera y justificada censura política al sanchismo, con la forma de los tres durísimos fallos del Tribunal Constitucional contra el estado de alarma decretado por Pedro Sánchez, que tanto daño humano causó, tras el casi secuestro durante meses del Parlamento, con la consecuencia de muertes evitables, el daño económico también evitable que no se evitó, los prolongados encierros caseros y sus perdurables secuelas psicológicas para tantos españoles.

La ilegalidad como costumbre es el fin de la democracia, que se funda y se basa en el equilibrio de tres poderes -legislativo, ejecutivo y judicial- y en el respeto al llamado cuarto poder, los medios de comunicación o la libertad de expresión. Si se rompe ese equilibrio no hay democracia, por mucho que, como acostumbra a ocurrir en las autodenominadas “democracias populares”, se insista en lo que no existe, ya que la inexistencia de la democracia, o sea, la dictadura (por muy “popular” que se haga llamar) es la verdadera norma.

En Melilla, con tanto transfuguismo, asistimos y padecemos otro tipo de ilegalidad democrática: la desviación entre lo que elegimos en las democráticas elecciones y lo que hacen algunos de nuestros diputados elegidos como miembros de determinados partidos, ahora convertidos en tránsfugas, tras ser expulsados de los partidos con los que se presentaron a las elecciones. No es una ilegalidad formal, porque ya se sabe que el escaño corresponde a la persona, no al partido político, pero sí es una evidente transgresión democrática, como los hechos una y otra vez demuestran en nuestra ciudad.

Si Melilla fuera, como debería ser, una Autonomía española más (junto con Ceuta, como llevo proponiendo para que nuestra Autonomía, la 18ª de España, pueda ser una realidad) la solución al disparate democrático político y social que padecemos no tendría por qué durar casi dos años más, porque cabría la posibilidad -ahora imposible- de convocar elecciones anticipadas, algo que, al ser considerados realmente como Ayuntamiento, no podemos hacer. Unas elecciones anticipadas aclararían el panorama político local y sabríamos quién es quién, políticamente hablando, terminando así con ese largo suplicio que nos espera hasta mayo o junio de 2023. Ahora no nos queda otra opción que la de aguantar, de la manera menos mala posible, con los 25 diputados que tenemos… y aprovechar la ocasión y el largo tiempo de espera para pensar mejor e informarnos más de manera que podamos lograr en 2023 el mejor resultado electoral, el que nos permita alcanzar ese profundo cambio político, social y económico que nuestra ciudad necesita angustiosamente.

Jiu Jitsu y superación

Tuve ocasión, el pasado 22 de octubre, de acudir, invitado, a la melillense Escuela Underdog Nebil Team, que dirige admirablemente bien el melillense Nabil Mohamedi, cariñosamente conocido como “El Lobo”. Celebraban allí aquel día la visita y las enseñanzas de una leyenda del Jiu Jitsu Brasileño (BJJ), el valenciano Tito Beltrán, que posee un impresionante palmarés -tres veces campeón del mundo de No Gi, catorce veces campeón de Europa y segundo en el ranking IBJF en el año 2018- y que impuso a El Lobo el cinturón marrón, en un emotivo acto celebrado con admirativo silencio, cortesía y ritual educación por los niños y mayores asistentes.

Aparte de haber tenido la oportunidad de conocer aquel día a un gran campeón del deporte mundial como Tito Beltrán y de sorprenderme con las exhibiciones/ enseñanzas que practicó con varios de los asistentes de la Escuela, además de haber conocido a Nabil Mohamedi y verle y admirarle en “su salsa” de cortesía y firmeza -especialmente patente en los numerosos niños y niñas asistentes- lo que descubrí ese día es que aquí, en Melilla, existe un mundo de respeto en las formas, de admiración por el que triunfa, de esfuerzo por el simple hecho de mejorar, de ser merecedores de unos simples cinturones sin valor material alguno, pero de enorme importancia personal por lo que significan de superación lograda.

Hay muchas cosas que no sabemos que existen, incluso aquí, en Melilla, en esta pequeña ciudad. Aunque a veces pensemos que sabemos mucho, lo cierto es que sabemos poco, demasiado poco, incluso de lo que tenemos muy cerca. Nabil Mohamedi me agradeció mi visita y también lo hizo el responsable de la empresa On Fitness Shop, que patrocina la Escuela, quien me regaló una camiseta, que llevo puesta en el momento en el que escribo esto. Pero el agradecido soy yo, por la oportunidad que me dieron de conocer y apreciar lo que están haciendo con tantos melillenses de tan diferentes edades, unidos por la simple ambición de ser mejores y tratar de serlo con esfuerzo, educación y buenas formas. Merecen ser, ellos, mejor conocidos y a ellos les dedico estas líneas.

Posdata

Tránsfugas. La Asamblea de Melilla va a tener el dudoso honor de ocupar el deplorable primer lugar mundial por el coeficiente de tránsfugas en sus filas. Un pésimo liderazgo, sin duda, una muestra más de que la política no funciona nada bien en nuestra ciudad y que la democracia local -que los ciudadanos sean representados por aquellos a los que votaron para que hicieran, vía los partidos a los que votaron, determinadas cosas prometidas y anunciadas- no cumple con los expresados deseos de los ciudadanos votantes.

Sabemos que la democracia es, según la irónica frase tan repetida, el peor de todos los sistemas políticos conocidos, excluyendo a todos los demás sistemas, pero tampoco deberíamos empeñarnos en tener en Melilla, una ciudad en grave peligro, la peor de todas las democracias conocidas.

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