La Escuela de Flamenco de Melilla inauguraba este lunes un nuevo curso que, según José Heredia, enfrentan “con muchísima ilusión”. La escuela surgió en 2013 y desde entonces, llevan trabajando para fomentar el flamenco en la ciudad. Hablamos con Heredia, director y músico, sobre el nuevo curso y lo que supone para la ciudad
-Ayer inauguraron el nuevo curso en la escuela. ¿Qué expectativas tienes para este año?
-Esperamos encontrar a estudiantes ilusionados y comprometidos con aprender y disfrutar del flamenco. Queremos que vean la escuela no solo como un lugar de aprendizaje, sino también como un espacio para desconectar y disfrutar de la música. La ilusión de los estudiantes es clave para el éxito del curso.
-Eres el director de la escuela de flamenco en Melilla. ¿Cómo surgió la idea de crear esta escuela?
-La escuela de flamenco surgió hace 11 años a través del Instituto de la Cultura de la Ciudad, con el objetivo de fomentar el flamenco y de la mano de Rafael Carmona. Comenzamos con guitarra, percusión y cante. La escuela ha crecido en número y niveles, convirtiéndose en un referente para aprender y disfrutar del arte flamenco.
-¿Cómo definirías los niveles y modalidades de la escuela?
-Ofrecemos clases de guitarra, percusión flamenca (incluyendo cajón), y cante, con niveles principiantes, intermedios y avanzados. Cada nivel se adapta a las habilidades y conocimientos de los estudiantes, permitiendo su progresión y desarrollo en el arte flamenco.
-José, te destacas por reivindicar la cultura gitana en Melilla. ¿Cómo nació ese compromiso?
-Desde joven sentía que otras culturas estaban bien representadas, pero la cultura gitana no ocupaba el lugar que merecía. Desde 2011, me propuse cambiar eso a través del trabajo diario, la investigación y aportando datos que demuestran nuestra presencia desde el año 1600. Siempre he buscado mostrar que somos una cultura con historia, tradiciones y costumbres propias.
-¿Cómo influyó tu familia en este compromiso?
-Siempre me sentí orgulloso de mi familia, luchadora y que inculcó principios de amor y respeto. En casa se comentaba la falta de representación de la cultura gitana, lo que me motivó a trabajar para cambiar esa realidad.
-Recordando tus primeros pasos en la música, ¿recuerdas la primera vez que te subiste a las tablas?
-Desde pequeño tocaba la guitarra en casa y acompañaba a los mayores en cantes y reuniones. A los seis años, ya estaba tocando canciones. La música flamenca siempre ha sido una forma de expresar mis sentimientos y de identificarme con mi cultura.
-Hablando del flamenco, ¿qué significa para ti este arte y qué ha aportado a tu vida?
-El flamenco es mi forma de vida, mi expresión no verbal para comunicar emociones. Cuando uno está contento, coge la guitarra y a lo mejor la toca por bulería o por rumba. Y cuando uno está triste, pues la toca por seguidilla, o la toca por soleá.
El flamenco ha sido como la forma no verbal de poder expresarme. Ha enriquecido mi vida con experiencias bonitas y me ha permitido interpretar mis sentimientos a través de la música. Es un arte que se vive a diario, y que sigue enriqueciéndose con la fusión de culturas.
-¿Hay que tener algo especial para aprender flamenco?
– No solamente es querer, sino también trabajarlo. Los profesores y profesoras no tenemos una barita mágica. Además de venir a clase, hay que trabajar en casa los ejercicios para sacar adelante el trabajo y poder interpretar.
Nuestra intención como Escuela es principalmente que la gente aprenda, pero también es muy importante que disfruten.
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