La Comandancia de la Guardia Civil de Melilla cumplió ayer con el tradicional homenaje a los caídos del cuerpo con un acto de carácter restringido y supeditado a la observancia de las medidas higiénicas sanitarias por el coronavirus, en el que se recordó a tres compañeros asesinados por ETA, los agentes Juan Antonio Díaz, Juan Ramón Joya y Antonio Molina.
Homenaje
En un solemne Acto se ha depositado una corona de laurel en el monolito a todos los héroes que han dado su vida por la Patria, acto celebrado a las nueve de la mañana de ayer lunes con la presencia de una Escuadra de Honores, el Guión de la Comandancia, y una formación simbólica de la Unidad guardando todas las medidas de seguridad.
Acto seguido la comitiva se ha desplazado al Cementerio de la Purísima, donde la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla, cuenta en el Camposanto con el enterramiento de tres guardias civiles caídos en acto de servicio, todos ellos asesinados por la banda terrorista ETA, tratándose de los guardias civiles Juan Antonio Díaz Román, Juan Ramón Joya Lago y Antonio Molina Martín.
La comitiva de honores de la Comandancia, formada por seis componentes, se ha desplazado a cada uno de los enterramientos, donde se ha depositado una ofrenda floral, en compañía de sus familiares y se ha rezado un responso por su eterno descanso, guardando en todo momento la distancia social adecuada.
Este año, en el itinerario rotativo marcado, la comitiva se ha desplazado hasta el enterramiento del cabo Antonio Díaz Román, “cuyo vil atentado terrorista tuvo lugar en la localidad de Oñate el día 30 de abril de 1979, al proceder con valentía e iniciativa a desactivar un artefacto explosivo dispuesto por la banda terrorista en un edificio en construcción”.
En todos los enterramientos de los compañeros del cuerpo, se les hizo entrega a sus familiares de un ramo de flores, a la vez que una breve lectura reseñando el acto luctuoso y un responso por el eterno descanso de sus almas.
En virtud del Reconocimiento a las Víctimas del Terrorismo, previstos en la Ley 32/1999, cuya finalidad es la de honrar a los fallecidos, heridos y secuestrados en actos terroristas, tienen otorgadas a título póstumo la Gran Cruz de Víctima del Terrorismo y el ascenso honorífico todos ellos al empleo de Cabo de la Guardia Civil.
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