Categorías: Opinión

La fatiga social por el COVID-19 se agudiza

La fatiga muscular parece estar en el orígen de las repetidas lesiones de Eden Hazard, jugador que el Real Madrid fichó por más de 100 millones de euros, como la estrella que vino a suplir nada menos, que la marcha de CR7; la fatiga tiene múltiples sinonimias y acepciones, pero todas tienen el denominador común de su carácter crónico, o sea, que no es fruto de un día. Lo mismo ocurre con la epidemia del COVID-19, que está originando la fatiga y hartazgo de nuestra sociedad ante su duración-supera ya el año, lo que para la sociedad del 5G ¡es una vida!-, y lo peor es que no se le ve un fin próximo.
Europa es un semillero de focos de tensión social, relacionados con los efectos de la epidemia y/o las medidas para su control, y Holanda, Dinamarca, Hungría, Austria e incluso Alemania son ejemplos de ello; esa tensión social, que aún no se ha manifestado en España-al menos con parecida intensidad-, tiene el claro riesgo de desembocar en la desobediencia civil, y a su tufo acudirá-desde todo el mundo-, lo mejor de cada casa (extremistas de signos distintos, supremacistas, antisistemas, negacionistas, etc..); ya el diario francés Le Monde, habla de fatiga de los valores democráticos en la sociedad, con el peligro que ello conlleva para ella, es lo que nos jugamos si no se logra vencer-y pronto-a la pandemia.
La actual fatiga social tiene mucho que ver, con los resultados de la gestión de la epidemia, y en España-también en Melilla-tienen plena aplicación sinónimos como hastío, cansancio, abatimiento, para calificar la situación a la que nos han llevado quienes gestionan la epidemia.
Tres olas sucesivas sin saber aminorar o atemperar-menos, controlar o domar-sus efectos, y no es justificación que haya otros muchos países como el nuestro, también los hay que lo han hecho mejor que España; lo cierto es que la estrategia de control del COVID-19 en España, es todo menos una estrategia, desde el momento en el que la autoridad sanitaria estatal-por deseo del presidente Sánchez, de desenfilarse de la opinión pública en este crucial tema-, cedió la “escoba» a las autonomías, recuerden aquello de la desescalada asimétrica y de la cogobernanza, falacias para ocultar una incompetencia e incapacidad notables, que en otros países democráticos de nuestro ámbito, hubieran supuesto la inmediata dimisión o cese de los responsables.
En las acepciones de fatiga, cabe una forma coloquial que en este caso es de posible aplicación a nuestros dirigentes, el hacerles sentir vergüenza, ante lo inútil e improductivo de su gestión; sé que soy un iluso, pero en esta sociedad nuestra tan hastiada y agotada por la penuria material y mental que padece, la ilusión puede ser el mejor bálsamo.
Por ello ahora nuestra única esperanza es la vacunación, el alcanzar cuanto antes una cobertura que logre primero reducir la trasmisión, y después la desaparición de los susceptibles de contagiarse; y aunque hoy no se ve claro, no tengo dudas de que se dispondrá de suficientes vacunas antes del verano-lo de Semana Santa es una quimera bienintencionada, sean del tipo que sean, porque la situación obliga a estar abiertos a todas, siempre que sean autorizadas por los órganos reguladores, en nuestro caso la Agencia Europea del Medicamento(E.M.A.), por lo que ello conlleva.
En el debate sobre los grupos a vacunar de forma prioritaria, comparto que los docentes avancen en la fila, sobre todo si no se paran las clases, pero no así la prioridad para los jóvenes de 15-29 años, ya que sería premiar la irresponsabilidad e insolidaridad de parte de ellos, existiendo grupos con el riesgo de una mayor gravedad clínica; para ellos especialmente-si es posible-, instauraría el confinamiento domiciliario como sanción a los que no respetaran las medidas sanitarias, añadido lógicamente a las sanciones preceptivas de otra índole.
Sí tendría más sentido, priorizar a trabajadores del sector de los servicios personales, tanto públicos como privados, como posibles fuentes de contagios masivos.
Y sigo creyendo necesario ir a por el virus donde está silente, mediante los cribados masivos de población y control analítico de los viajeros que lleguen a Melilla-en la actual situación puede y debe de ser obligatorio-; si no se hacen, volveremos a tener nuevas oleadas de casos.
N.A.- Crece el riesgo de que las mutaciones virales-cada vez más numerosas y en algunos casos más graves-, pongan en riesgo la efectividad de las vacunas actuales; por ello, y salvo que haya un “milagro” en la industria farmacéutica, cada semana que pasa veo más claro, que en abril-¿para qué esperar a junio?- se debería de dar juego a la iniciativa privada, en la estrategia de vacunación del COVID-19, y no me refiero sólo a la administración, para lograr cuanto antes una protección social eficaz.

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