Categorías: Opinión

La diplomacia del ferrocarril

La frontera sigue cerrada por la pandemia mundial, lo que nos aporta algo tiempo para la reflexión serena sobre el futuro de nuestra ciudad y plantearnos cómo mejorar la conexión con nuestro entorno inmediato. F. D. Roosevelt, uno de los mejores presidentes en la historia americana acuñó una frase que decía: ‘En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada’. En ese punto nos encontramos; es por todos conocido el sentimiento generalizado de pesimismo en cuanto al futuro de Melilla, así que es el momento de pensar fuera de la caja y proponer ideas novedosas, pues en ellas a veces se encuentra la solución a largos bloqueos que la ortodoxia no ha podido solucionar.

Marruecos es un país en desarrollo con una clara inclinación a las grandes obras de infraestructura vitales para la unión de un país tan extenso como es el reino alauita. No conforme con el uso del ferrocarril convencional, el país vecino se lanzó a la aventura de la construcción de un tren de alta velocidad (TGV en francés, AVE en español) que fue bautizado como Al-Buraq y que une las ciudades de Tánger y Casablanca en un recorrido que dura algo más de dos horas. La red ferroviaria marroquí está en expansión, y podría aprovecharse aún más en el hipotético caso de que Marruecos reabriese su frontera con Argelia (la única cerrada a cal y canto entre dos países en paz en todo el mundo). Melilla debe aprovechar este momento.

No podemos mantenernos más tiempo al margen del desarrollo al otro lado de la frontera, como meros espectadores o, peor aún, como víctimas que se ven cada vez más empequeñecidas ante el avance de las inversiones estatales y privadas en las regiones de nuestro entorno, como el nuevo Puerto de Nador o la futura refinería de capital ruso. El gobierno de Melilla debe plantear seriamente la idea de conectar la ciudad con la red ferroviaria marroquí al Ministerio de Transportes y al Ministerio de Exteriores. Una estación de administración conjunta entre la RENFE española y la ONCF marroquí sería capaz de atraer pasajeros y turistas (o, por qué no, mercancías) de una manera colectiva, rápida y efectiva ya no solo con la vecina provincia de Nador, sino con el resto de Marruecos.

En 1911 se produjo la llamada Crisis de Agadir, que apunto estuvo de adelantar la Primera Guerra Mundial, abriendo así uno de los últimos capítulos de la llamada ‘diplomacia del cañonero’. Aquella forma de imponer deseos se utilizaba con los países ‘inferiores’ para obligarlos a abrir sus mercados a las potencias colonizadoras, como sucedió con Japón o con el mismo Marruecos. El año 2020 exige un nuevo aperturismo, sobretodo entre países vecinos que no siempre logran entenderse. Debe iniciarse una nueva época: La de la diplomacia del ferrocarril.

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