Depresión, incredulidad, confusión, tristeza, remordimientos, angustia, insomnio, pesadillas, sensaciones de presencia, 'flashbacks' (vuelta al pasado), autorreproches, ambivalencia, pensamientos intrusivos, apatía, fatiga, aislamiento y desesperanza son algunos de los síntomas que suelen aparecer ante la pérdida de un ser querido, según ha informado el psicoterapeuta de IMQ AMSA, Juan Uribe, con motivo de la festividad de Todos los Santos.
Se trata de lo que se conoce como duelo, el tránsito que sigue a esa pérdida y, en la mayoría de los casos, un proceso normal al asumirse con naturalidad la inevitabilidad de la muerte, si bien el experto ha asegurado que es algo personal y único, ya que no hay dos personas que reaccionen igual ante una misma pérdida.
"En un duelo normal se experimenta incredulidad, confusión, tristeza, enfado, remordimientos o añoranza, pero, poco a poco, se va aceptando esa nueva realidad, elaborando el dolor de la pérdida y adaptándose a una nueva vida sin el fallecido, para la cual es necesario encontrar nuevas ilusiones y motivos para seguir adelante. Cuando se es capaz de pensar en él o ella, o hablar del fallecido sin dolor decimos que la persona lo ha superado", ha explicado.
No obstante, existen casos en que las personas se ven obligadas a afrontar lo que llamamos un duelo patológico (o complicado o prolongado). Son situaciones en las que la persona no acepta la pérdida o es incapaz de superarla y se cronifica su sufrimiento.
"A veces hay quien no sufre, no llora, no siente nada, se queda como bloqueado. Puede ser que ya haya hecho su duelo anticipado al tratarse de una muerte prevista tras una larga enfermedad; o puede tratarse de un duelo enmascarado, en el que la persona puede expresar el dolor de otra manera, por ejemplo por vía corporal haciendo una enfermedad somática. O puede que tenga el sufrimiento 'congelado' y aparezca la depresión mucho tiempo después de la pérdida, lo que se conoce como duelo retrasado", ha argumentado el especialista.
Ahora bien, hay distintos factores de riesgo que propician duelos complicados: si el fallecido es un niño o ha muerto por suicidio o muerte violenta o inesperada, o no aparece el cadáver, son situaciones especialmente difíciles de superar. También si la persona que está en un proceso de duelo tiene antecedentes de depresión, historial de otras pérdidas significativas, una relación ambivalente o excesiva dependencia del difunto y una limitada red de apoyo socio-familiar, tiene mayores dificultades para adaptarse a la nueva situación.
Carta del Editor MH, 31/5/2026 Enrique Bohórquez López-Dóriga “El futuro es el tiempo que…
Chamartín inauguró su nuevo vestíbulo tras una renovación de 560 millones de euros que duplica…
La visita del Papa León XIV a España entre el 6 y el 12 de…
La senadora Isabel Moreno defiende que la medida reforzaría las capacidades operativas de las Fuerzas…
La Real Casa de Correos en Madrid se convierte en Centro Internacional de Prensa durante…