Su familia de Melilla
Hoy es un día triste, la ciudad pierde un niño. Diez años habitó en ella Samsa, con su alegría, con su cuerpo de niño, ajándose, doliéndose de desencuentro. Al fin muerto, como una hoja de invierno que el viento borra.
Un nadie, amigo de todos, hermano de muchos, llorado por personas que le conocían, y le reconocían, como ser humano, como amigo, como hijo de alguien con sueños mejores.
Te olvidarán los papeles que nunca llegaron, las huellas que pusiste en una promesa de humo, pero nosotras no te olvidaremos, ni tu risa , ni tu voz, ni tus bailes. Estás, existes, has vivido, has pasado por esta ciudad, has pasado por nosotras, sentimos que no fuese suficiente.
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