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Economía

Hundir un país es muy sencillo

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Recientemente debatía el economista Daniel Lacalle sobre la ‘Teoría Monetaria Moderna’ con el profesor Philip Booth. Para aquellos que la desconozcan, es una teoría monetaria defendida, entre otros, por Eduardo Garzón. Una teoría que afirma que todos los problemas se solucionan imprimiendo más dinero. “El dinero es un invento del ser humano y se puede crear sin límites”. Según los defensores de esta teoría, el Estado podría contratar a toda la población como funcionarios y pagarles con el dinero que imprime. No haría falta impuestos. El Estado se financiaría con el dinero que imprime. Imprimir dinero no genera inflación.

La teoría es nefasta y tremendamente peligrosa, como bien demuestran los resultados en Venezuela y Argentina, entre otras decenas de ejemplos. La moneda es básicamente un pasivo financiero del Estado, y en caso de que sus activos financieros (los del Estado) se deterioren o no sean iguales a sus pasivos, habrá inflación, salvo que la demanda de esa moneda aumente o el Estado aumente los impuestos. Si bien es cierto que la Reserva Federal y el Banco Central Europeo estuvieron hasta hace poco aumentando la oferta monetaria sin que eso derivase en inflación, eso se debe a que el “precio de la moneda” depende de la oferta y la demanda. Si la demanda aumenta, es decir, si esa moneda que se imprime se quiere, el precio no tiene por qué caer (inflación). Una demanda que depende de las cualidades de la moneda como activo y su credibilidad como pasivo. Un Estado con un tejido productivo débil e insolvente, puede optar por imprimir moneda, sí, pero eso solo traerá inflación y miseria, como en el caso de Argentina y Venezuela.

La riqueza tiene que ver con la producción. Si se imprime dinero y la producción no aumenta, tendremos más “moneda” para una misma producción, pero no seremos más ricos.

Imprimir moneda para financiar gasto público es un atraco a mano armada. El Estado imprime y gasta, y cuando el nuevo dinero en circulación se empieza a notar, y los precios comienzan a subir, ya habrá adquirido los servicios que demandaba a cambio de una moneda que ahora vale menos. Construir un país es muy complicado, destruirlo es muy sencillo. Las ideas de la teoría monetaria moderna llevan a la miseria más absoluta en tiempo récord, como demuestran los países en los que se opta por “imprimir para el pueblo”.

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