La ciudad de Melilla sufría grandes deficiencias en infraestructuras y lo más urgente era la necesidad de que se construyera una nueva cárcel.
Aunque los terrenos estaban cedidos y los proyectos aprobados, el presupuesto no llegaba ni las obras se adjudicaban. El deterioro de la prisión era tal que los internos no tenían ni mesa para comer.
El temporal de levante que azotó la ciudad deslució el desarrollo de las salidas procesionales del Viernes Santo, de hecho las cofradías o no salieron o acortaron los recorridos. Melilla, que se despertaba medio dormida por el cambio del horario, se preparaba para el "Encuentro" del Domingo de Resurrección.
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