El Rozel, el último buque de Trasmediterránea, no había entrado con buen pie y tampoco le habían favorecido las circunstancias climatológicas. De hecho como consecuencia del viento huracanado que se desató sobre las diez y media de la noche, en forma de pequeño tifón, el barco perdió sus amarras, que resultaron arrancadas por la fuerza del viento, de modo que tuvo que alejarse de la dársena pesquera para evitar destrozos mayores y arreglar mar adentro las amarras que le permitieran volver a puerto, con la seguridad de que pudiera hacer el atraque de forma convincente. Se declaraba un incendio en las inmediaciones de la frontera de Beni-Enzar. Las llamas se apoderaron de desechos y material inflamable. Los bomberos tuvieron que invertir más de dos horas para sofocar el fuego.
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