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Carta del Editor

Ha nacido un muerto

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Ilustración

Publicamos ayer un artículo de nuestro colaborador Gonzalo Fernández (el Gran Capitán) sobre lo que debe ser un plan de desarrollo, materia en la que es un experto y de la que tiene una extensa experiencia. Su conclusión sobre los muy numerosos planes melillenses es muy clara: “En una lectura rápida, dada la multitud de planes, la extensión de los mismos y la “densidad” que alguno de ellos tiene, debo concluir que algo, o mucho, funciona mal, ya que con frecuencia no se definen adecuadamente los objetivos o con muchísima frecuencia se confunden objetivos tácticos u operacionales con objetivos estratégicos, no se define o se define mal la situación actual, los criterios o las métricas no se tratan y existen muchos otros defectos de concepto y/o de ejecución”.

Lo que mal empieza, mal acaba. El último, de muchos, Plan para el Desarrollo de Melilla nació gafado, como es inevitable que ocurra si la coordinación y el desarrollo de algo -especialmente si se trata de un plan de desarrollo- se le encomienda a un gafe, que es, además, el más gafe de todos los gafes melillenses históricamente conocidos.

Ya fracasó el gafe cuando era gerente de la sociedad pública PROMESA y en 130 plomizas páginas publicó, en julio de 2008 -trece años ha- un llamado Plan Estratégico para la Ciudad Autónoma de Melilla. Costó mucho el tal Plan a las arcas públicas y tuvo la eficacia que se podía esperar, o sea, ninguna.

Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra -y a menudo más veces- a algún iluminado se le ocurrió encargarle la coordinación, el aliento de un nuevo Plan que pueda salvar a la moribunda economía melillense, al gran gafe que ya demostró su inutilidad -además de en muchos otros campos públicos- en el Plan anterior que he citado. El primer resumen de la situación de este nuevo Plan lo ha hecho -esta vez acertadamente y en pocas palabras- el secretario general del partido más votado de Melilla que lidera la oposición -manifiestamente mejorable- al gobierno, Miguel Marín: el Plan ha nacido muerto. Es imposible que alguien o algo que nazca muerto reviva, y, es evidente, el gran gafe ni conseguirá que sobreviva, ni lo conseguirá revivir, como era de esperar.

El Centro Tecnológico

Tuve ocasión, el jueves, de visitar el Centro Tecnológico de Melilla, edificio singular, muy moderno, ubicado en un lugar de Melilla muy tradicional, muy antiguo. Me gustó mucho y lamento no haberlo conocido antes. Nos lo enseñó, muy bien, su director, Pablo Martínez, buen amigo desde hace ya muchos años, como lo es su esposa, Ana, y lo fue su padre, Ernesto Ceano, al que conocí, aprecié y defendí mucho cuando era coronel de Estado Mayor en la Comandancia General de Melilla.

La primera impresión que Pablo causa a los que le conocen es la de una persona a la que le gusta el trabajo que hace, lo que lleva a la lógica conclusión de que trabaja mucho. Y bien, según el criterio general, del que se excluyen los pesimistas y los envidiosos, que en Melilla -como en España en general- son multitud, además de los que opinan, con mayor o menor conocimiento, de otra manera sobre Melilla y su digitalización.

Declara Gloria Rojas, actual jefa del funcionario Pablo Martínez, que “tenemos todas las condiciones para que Melilla sea un referente en cuanto a empresas de base tecnológica” (MELILLA HOY del pasado miércoles). No sé si tenemos “todas”, pero sí sé que tenemos bastantes y ahora también sé que el Centro Tecnológico puede ser un instrumento importante para que ese potencial se convierta en hechos, en empresas de base tecnológica con sede en Melilla, en digitalizar más y mejor la ciudad. Nosotros, nuestro grupo empresarial, está avanzando mucho en ello, en hacer (no en perder el tiempo haciendo como que se planea, aireando el consenso y evitándolo) como le explicamos el jueves a Pablo y como seguiremos explicando y actuando.

Posdata

Lo que José -Pepe para todos- Megías escribió y nuestro periódico publicó el viernes asombra. Analizaba los datos de cierre del presupuesto de la Ciudad Autónoma, la comparación entre lo presupuestado y lo realizado, lo que se viene a llamar “liquidación” del presupuesto, el cómo y el cuánto del uso del dinero presupuestado.

Gastar más de lo presupuestado en un determinado capítulo está legalmente prohibido, pero que de un presupuesto como el de la CAM, de casi 400 millones de euros para 2020, hayan “sobrado” casi 112 millones, que van a lo partida llamada “remanente”, es algo insólito, yo creo que único, en cualquier administración pública de cualquier país, región o población del mundo.

La conclusión de Pepe Megías es que “tenemos unos gestores de lo público que no tienen ni la más mínima idea de lo que es gobernar”. Les quedan a los gestores públicos locales poco menos de tres meses para poder utilizar mejor los recursos de los que disponen presupuestariamente. Si no lo hacen, Megías tendrá razón en su manifestada conclusión.

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