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Carta del Editor Opinión

¿Futuro melillense?

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“Dentro del régimen aduanero, Ceuta y Melilla no son consideradas ciudades europeas, sino de tercer país”. Es el titular de la página 9 de nuestro periódico del viernes, recogiendo lo que nos dijo la presidenta de Activas Charter 100, Nayat Mohamed Maanan.

“Esto significa que enviar o recibir cualquier producto en la ciudad (Melilla) o no llega o sale más caro, debido al régimen aduanero que actualmente tenemos y que nos considera como país extranjero, aunque pertenezcamos a la Unión Europea, como españoles que somos”, añadía la presidenta de Activas Charter, “y por ello trabajaremos en coordinación con la consejera de Hacienda, Dunia Almansouri, para plantear la posibilidad de entrar en la Unión Aduanera Europea, sin perder los beneficios fiscales que, por la situación geográfica de la ciudad, nos corresponden”.

Sirva a modo de ejemplo práctico y actual: Nuestro grupo empresarial, vía GRUMECO, está editando libros de autores melillenses o muy ligados a Melilla, e intentamos enviarlos a la Península, para que se conozcan y se lean esos libros que tienen a Melilla como fondo y/o como centro. El primero de los libros, como anunciamos, ha sido el de Severiano Gil, “Los 18 del Tiétar. Caídos en el desastre de Anual (julio-agosto de 1921)”. El segundo, ya disponible, el de Miguel Platón, “El primer día de la guerra. Segunda República y Guerra Civil en Melilla”, una segunda edición, corregida y aumentada del libro que se publicó hace años y del que se vendieron todos los ejemplares en pocos días.

Pues bien (o sea, mal): las dificultades aduaneras con las que nos encontramos para enviar ejemplares de estos libros a nuestro país son dantescas, en el peor sentido que se puede dar al Infierno de la Divina Comedia de Dante. Las dificultades para traer productos de nuestra Península a nuestra ciudad papel, por ejemplo-, con el Documento Unico Aduanero (DUA) y con su engorrosa gestión documental de por medio, son no menos dantescas. Generalizando y como bien dice Nayat Mohamed, “con nuestro actual régimen aduanero, al no considerarse nuestras mercancías como europeas, se ralentizan y encarecen los envíos, lo que conlleva que no seamos competitivos con respecto al resto del mercado europeo”.

Melilla, para tener algún futuro económico, necesita entrar en la Unión Aduanera Europea. Y eso se tiene y se puede conseguir manteniendo las ventajas fiscales que tenemos y fueron aceptadas por Europa desde hace mucho años, ventajas fiscales que, por cierto, hemos utilizado empresarialmente muy, muy mal, envueltos, como estamos, por la aplastante burocracia pública.

Melilla, para tener algún futuro económico y social, tiene que tener una clase empresarial con criterios y actuaciones radicalmente distintas de las de los últimos años, porque los tiempos y las circunstancias externas también son radicalmente distintos. En primer lugar y absolutamente imprescindible: la vida económica no puede depender de las decisiones de la Administración Pública. Los empresarios no somos súbditos de los políticos gobernantes, somos los que sostenemos y pagamos a esos políticos y los servicios que nos proporcionan. Somos las personas convertidas en empresarios las que tenemos que decidir lo que nos interesa y lo que no nos interesa, los que tenemos que crear riqueza, no los politicos gobernantes los que nos manden y nos intenten imponer lo que, según ellos, tenemos que hacer.

Melilla, para poder sobrevivir con libertad y con niveles de vida aceptables, no puede depender de las decisiones que tome Marruecos, ni de que ese país decida abrir, medioabrir o cerrar sus fronteras con nuestras ciudades, dos ciudades que insiste en querer marroquinizar. La “exigencia” de que haya buenas relaciones con Marruecos -repetida una y otra vez por ciertos comerciantes locales- no deja de ser un mantra, un absurdo, una tontería desde el punto de vista práctico, aunque sea una declaración de buena voluntad y de elogiables buenos deseos.

Redes sociales y problemas

Leí un artículo, “La muerte de la atención, en el siglo de las pantallas” en ABC, el pasado martes. Destaco algunas de sus frases: “La utopia tecnológica gestada en Silicon Valley se ha agrietado con el paso de los años. Dentro y fuera de la industria se denuncian los excesos de ciertas compañías que diseñan apps con el fin de enganchar a los ciudadanos, y que han terminado por erosionar nuestra libertad y la democracia misma… Muchos miramos ya a internet como un agujero negro de tiempo perdido… En el fondo, Twitter y Facebook son una mala idea para la democracia, para la deliberación pública… Nos comunicamos con mensajes cada vez más cortos que, a la larga, condicionan nuestra forma de pensar, de debatir, casi empujándonos a los garrotazos”.

La conclusión la describió muy bien el neurocientífico Michel Desmurget en el título de uno de sus libros: “La fábrica de cretinos digitales”. Un ejemplo de tal efecto se describía muy bien en nuestro Editorial de ayer, “Show político en las redes”. En efecto, arreglar los verdaderos problemas de los ciudadanos “no es tan fácil como ponerse a escribir en twitter”

Posdata

Para ejemplo de cretino: algún gafe que anda por ahí. Un gafe insultador y agresor que amenaza al agredido con denunciarle -otra vez y ya son incontables sus denuncias falsas y fallidas- por… agresión.

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