Reflexiones sobre el papel de Melilla en la geopolítica actual.
Carta del Editor MH1/3/2026
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Extraigo del artículo ‘España ante el nuevo siglo occidental’, de Alberto Núñez Feijóo en el ABC del pasado martes, lo que me parece que más afecta a Melilla, y destaco que España, según Feijóo, es: “Frontera sur de la Unión, puente atlántico, actor clave en el Mediterráneo. La relación histórica con Hispanoamericana amplía la proyección europea. El nuevo siglo occidental no se decidirá solo en el eje centroeuropeo; también se definirá en el Magreb, en el flanco sur y en el espacio atlántico ampliado. Los españoles no podemos limitarnos a acompañar decisiones ajenas; debemos contribuir a orientarlas”.
Si el nuevo siglo occidental no se decidirá solo en el eje centroeuropeo, sino también en el Magreb y en el flanco sur, nuestra ciudad deja de ser periferia para convertirse en bisagra. Y las bisagras, aunque pequeñas, sostienen puertas enteras
El lamento final del presidente del PP es el siguiente: “Pero esa ambición exterior es imposible sin coherencia interior. La calidad institucional, la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley no son conceptos abstractos; son condiciones de poder. Cuando un Gobierno prioriza su supervivencia parlamentaria sobre el interés general, cuando fragmenta consensos básicos o adopta decisiones unilaterales al margen del marco europeo, la posición internacional del país se resiente. La política exterior no puede construirse sobre concesiones orientadas a la supervivencia política del Gobierno ni sobre improvisaciones que trasladan problemas a nuestros socios”.
El texto de Alberto Núñez Feijóo en ABC no es una simple reflexión de política exterior; es, leído desde Melilla, una interpelación directa a nuestra razón de ser. Cuando Feijóo afirma que España es “frontera sur de la Unión, puente atlántico, actor clave en el Mediterráneo”, está describiendo —aunque no la nombre— la esencia estratégica de Melilla. Porque si el nuevo siglo occidental no se decidirá solo en el eje centroeuropeo, sino también en el Magreb y en el flanco sur, entonces nuestra ciudad deja de ser periferia para convertirse en bisagra. Y las bisagras, aunque pequeñas, sostienen puertas enteras.
Nuestra posición no es un problema a gestionar, sino un activo a desplegar
Durante décadas hemos vivido atrapados en una narrativa de excepcionalidad administrativa: régimen fiscal singular, dependencia presupuestaria, economía subsidiada. Pero si España quiere “contribuir a orientar” el nuevo siglo occidental, Melilla no puede seguir pensándose como un enclave asistido, sino como una plataforma geopolítica.
Ser frontera sur de Europa no es solo custodiar una valla; es ser punto de intercambio, laboratorio de cooperación, espacio de diplomacia económica y cultural con el Magreb. Es asumir que nuestra posición no es un problema a gestionar, sino un activo a desplegar.
El lamento final de Feijóo es aún más pertinente para nosotros: la ambición exterior exige coherencia interior. Calidad institucional, seguridad jurídica, igualdad ante la ley. Porque la política exterior —y esto vale tanto para un Estado como para una ciudad estratégica— no puede construirse sobre la improvisación ni sobre la lógica de la supervivencia política inmediata. Cuando la gestión pública se orienta al corto plazo, el territorio pierde proyección y credibilidad.
Espero que logremos comprender nuestro tiempo y que consigamos ese liderazgo intelectual y político melillense que nos falta y que tanto necesitamos
Feijóo advierte que España no debe limitarse a acompañar decisiones ajenas. Melilla tampoco. Nuestra ciudad no puede resignarse a ser objeto de decisiones tomadas en Madrid o Bruselas; debe convertirse en sujeto activo de propuesta. Eso exige visión. Exige liderazgo intelectual y político. Exige abandonar el debate pequeño para abrazar la conversación grande: ¿qué papel quiere jugar Melilla en el Mediterráneo occidental? ¿Queremos ser frontera pasiva o nodo estratégico?
La historia demuestra que las ciudades fronterizas pueden declinar… o pueden transformarse en centros de innovación y comercio. Todo depende de si comprenden su tiempo. Y este tiempo —como bien sugiere el artículo— no se decidirá solo en Berlín o Bruselas, sino también en el sur. También aquí.
La pregunta, entonces, no es qué hará España en el nuevo siglo occidental. La pregunta es: ¿qué está dispuesta a hacer Melilla para estar a la altura de su propia geografía?
Eso exige visión. Exige liderazgo intelectual y político. Exige abandonar el debate pequeño para abrazar la conversación grande: ¿qué papel quiere jugar Melilla en el Mediterráneo occidental? ¿Queremos ser frontera pasiva o nodo estratégico?
La historia demuestra que las ciudades fronterizas pueden declinar… o pueden transformarse en centros de innovación y comercio. Todo depende de si comprenden su tiempo. Espero que logremos comprender nuestro tiempo y que consigamos ese liderazgo intelectual y político melillense que nos falta y que tanto necesitamos.
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España, y Melilla, ante el nuevo siglo occidental
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