Carta del Editor MH, 10/8/2024
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Padecimos el jueves pasado una vergüenza inmensa e insoportable. ¿Cómo lo vio la prensa nacional? “Estrofa del soneto cervantino: caló el chapeo/ requirió la espada/miró al soslayo, fuese y no hubo nada (resumió el viernes, con elegancia, el diario La Razón). “La penúltima humillación al Estado. El gran carnaval” ( ABC). “Un president conciliador. El contraste entre el discurso de Illa y el ridículo de Puigdemont” (El País, siempre al servicio del poder). “Puigdemont se burla de España y un Illa cómplice (su discurso fue un responso) investido presidente” (El Mundo).El primer responsable de esta humillación a España es Sánchez (escribió la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso). Pedro Sánchez está encantado con estos eventos, ya que desvían la atención de los problemas a los que se enfrenta en su partido y en su entorno familiar (declaró el vicepresidente primero de Melilla, Miguel Marín -el presidente Imbroda está de vacaciones, hasta la semana que viene).
Una oleada de vergüenza inunda hoy España. Saldremos de esto, como hemos salido de tantas cosas y tantas catástrofes, pero duele mucho tener que soportar el ridículo y el drama que estamos padeciendo. No es Pedro Sánchez el único culpable, pero lo que se me ocurre, y creo que coincido con la inmensa mayoría de los españoles, es exclamar y suplicar: ¡Sánchez vete ya!
Lo del nuevamente huido Puigdemont, el jueves, antes de ayer, fue una carnavalada sin gracia alguna, cuyo objetivo era burlarse de España y de sus instituciones. En eso hay prácticamente unanimidad, nacional e internacional.Incluso el lamentable y huidizo discurso de Puigdemont, intentando parecerse a Tarradellas, fue tan patético como mezquino. La política española actual “ha devenido en un espectáculo (grotesco) que consiste en fabricar relatos y crear una realidad paralela”, escribe el gran Cuartango.
Una oleada de vergüenza inunda hoy España. Saldremos de esto, como hemos salido de tantas cosas y tantas catástrofes, pero duele mucho tener que soportar el ridículo y el drama que estamos padeciendo. No es Pedro Sánchez el único culpable, pero lo que se me ocurre, y creo que coincido con la inmensa mayoría de los españoles, es exclamar y suplicar: ¡Sánchez vete ya! Vete ya, por favor, antes de que te echen, los de tu partido a la cabeza, de mala manera, muy probablemente. Antes de que termines de destruir España.
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España, avergonzada. Sánchez, ¡vete ya!
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