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Carta del Editor

El sexo de los ángeles

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Lo que le faltaba a una sociedad pública como Promesa, cuyo objetivo (ya casi imposible de lograr proviniendo de un organismo público) es la promoción económica de Melilla, es que le impusieran un presidente como Jesús Delgado Aboy. Es tan monumental el error que ni siquiera su lamentable puesto de suplente del diputado local 13 -por si De Castro se porta mal- puede en manera alguna justificarlo, sino todo lo contrario. CpM se equivocó al proponer a Jesús Delgado como presidente de Promesa y votarlo. El PP se equivocó al abstenerse y posibilitar, así, su nombramiento. No hay excusa alguna para tamaño dislate.
El principio de que el fin justifica los medios es la negación de la moral social, es un principio totalitarista, colectivista, comunista, nazi (ambos son lo mismo) y, aunque a veces nos veamos forzados a elegir entre diferentes males, éstos siguen siendo males, por mucha ‘razón de estado’ que se quiera argumentar, por mucho que “la disposición para realizar actos perversos se convierte en un camino para el ascenso y el poder” (Hayek, en su maravilloso “Camino de servidumbre”), lo cual es una descripción exacta de lo que ocurre en la vida política melillense, con el nombramiento de Jesús Delgado como lamentable penúltimo ejemplo.
“No existe otra política progresiva (o progresista) más que la fundada en la libertad del individuo” (Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía 1974). No es a través de la servidumbre, la disposición para realizar actos perversos como camino para ascender y lograr algo de poder, como se puede lograr el progreso. No son los individuos libres y valiosos los que utilizan esos caminos perversos para ascender. Y la consecuencia, evidente, es que, carentes de personas libres y valiosas en los puestos de poder, no progresamos, sino todo lo contrario.
Y, de fondo, la pasividad generalizada aquí y acullá, como acaba de pasar en Afganistán. Leí, y reproduzco literalmente parte de él, un artículo que escribió la exitosa historiadora Maria Elvira Roca Barea en el diario El Mundo: “Quizás algún lector sepa de dónde procede la expresión «discutir sobre el sexo de los ángeles», pero en este momento, precisamente en este, tras la caída de Kabul, conviene recordarlo. Era el gran asunto sobre el que debatía la intelligentsia de Bizancio en el momento en que los turcos pusieron cerco a Constantinopla. Llevaban en ello mucho tiempo. Dice la leyenda que, cuando tomaron la ciudad, se encontraron a estos cerebros privilegiados tan enfrascados en las sutilezas de la entrepierna angelical que no se percataron de que había caído. Esta parte última personalmente me la creo. Lo más probable es que se hicieran los locos… y que vaya otro a batirse el cobre, que los turcos son muy feos y dan miedito”.
Aquí, en Melilla, mientras cae la que está cayendo, también perdemos el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles, o sea, sobre la nada. Pero casi nadie se atreve en Melilla a dar un paso al frente, a batirse el cobre, porque los que están por ahí arriba también son, moralmente, bastante feos y dan, a casi todos los melillenses, mucho miedo.
Algunos, como Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Autónomos, claman por una bajada de impuestos, que consideran, consideramos, una necesidad inaplazable. ¿Claman en el desierto?, o sea, ¿intentan inútilmente convencer de algo a quien no está dispuesto a escuchar o cambiar de opinión? Pues probablemente sí, a pesar de que claman por algo, una bajada de impuestos a los autónomos, que es evidentemente positivo para todos (menos para los que, bien colocados, viven a costa del sudor de los demás).
Esa sensación de clamar en el desierto también la tengo yo a menudo, pero el tiempo, los años, los resultados y el ejercicio de la paciencia me han demostrado que no clamo en el desierto tanto como puede parecer y muchos políticos quisieran, y no voy a perder el tiempo disertando sobre el sexo de los ángeles. A los hechos me remito y a ellos espero seguir remitiéndome.

Posdata: Más despropósitos
Sotogrande, urbanización gaditana, la más lujosa de Europa, gira alrededor del campo de golf Valderrama. En Melilla, como inmenso contraste, tenemos un campo de golf que, con mucho -y en mi caso totalmente desinteresado- trabajo conseguimos hacer crecer. La Dirección General de Instalaciones Deportivas de la CAM se hizo cargo, hace más de un año, de la gestión deportiva del campo. El resultado, tanto deportivo como económico, no puede ser más lamentable. Me vuelvo a remitir a los hechos.
En el área de Presidencia de la Ciudad, la que lleva directamente Eduardo de Castro, se halla y cobra una tal Aida, a la que no tengo el gusto -más probablemente disgusto- de conocer. Es difícil encontrar una persona de la que hablen muy mal todos, sin excepción, los que la conocen. Aida lo ha logrado. Espero no padecer el disgusto de conocerla.

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