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El proceso se desinfla

Todas las señales apuntan hacia un nuevo fracaso del nacionalismo en su no tan viejo sueño de convertir a Cataluña en unidad de destino en lo universal. Al menos en su actual versión, la intentona no da más de sí. Los elementos de prueba se han acumulado durante los últimos días, los transcurridos desde el domingo 1 de octubre, que era la fecha mágica elegida como trampolín hacia la república independiente de Cataluña.
El subidón experimentado entonces por el bloque independentista, gracias al milagro de unas tramposas fotos del imaginado retorno de Franco a la España democrática, tuvo las patas cortas. Todos vimos como se fue desvaneciendo entre el impacto mundial de las empresas en fuga y la aparición de los factores emocionales en el lado hasta entonces pasivo de la barricada.

En esas estábamos cuando el ex molt honorable, Artur Mas, que había sido el principal impulsor del llamado proceso soberanista hace cinco años, dijo públicamente que Cataluña todavía no estaba preparada. Por si había dudas, este mismo viernes sostuvo que la declaración de independencia según el discurso dé Puigdemont en el Parlament y el posterior compromiso por escrito de los partidos soberanistas era puramente "estética".

Efectivamente, todo lo que sustentaba el sueño de los impulsores del rupturismo con España aparecía como una tramoya. Toda la arquitectura estaba plagada de trampas y vicios ocultos. Ni las cancillerías ni la opinión pública internacional compraron la maledicente idea de que España se había convertido en un Estado represor. Y la extravagante tesis de una mediación de terceros acabó rechazada por propios y extraños.

Las respuestas políticas y judiciales de un Estado obligado a defenderse hicieron el resto. La maniobra dilatoria de Puigdemont en el pleno del pasado martes evitó una apresurada activación del artículo 155 de la Constitución y permitió a Rajoy devolverle la pelota. El ultimátum de Moncloa está vivo: si el jueves que viene el Govern no ha vuelto a la legalidad, el Gobierno del Estado actuará en consecuencia.

En el otro lado, el germen del enfrentamiento se ha enseñoreado de la situación. El sector más radical (la CUP y los "jordis" Sánchez de y Cuixart) amenazan con volver a tomar la calle si Puigdemont persiste en su "traición". Pero me temo que lo ultimo que se le pasa ahora por la cabeza al president es declarar la independencia desde el balcón de la plaza de San Jaime.

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