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El poder de las ideas y de la ciencia

Un ejemplo del poder de la ciencia y de las ideas lo acredita el trabajo y la influencia del gran físico Albert Einstein (1879-1955), judío alemán, que formuló la teoría de la relatividad especial en 1905 y la teoría de la relatividad general en 1915. La Academia sueca le otorgó el premio Nobel de física en 1921 por otro descubrimiento porque los científicos encargados de informar la obra de los candidatos no la entendían…

En las votaciones organizadas por los medios de comunicación para elegir al personaje más relevante del siglo XX el claro ganador fue Albert Einstein. Su fama científica y autoridad moral lo convirtieron en un referente admirado en el mundo académico y por la sociedad occidental. Fue recibido en 1920 en el puerto de Nueva York por una masa humana como un héroe. Sin embargo, algunos científicos alemanes de ideología nazi criticaron su trabajo porque Einstein se situó rotundamente frente al nazismo, defendió la libertad individual, la igualdad ante la ley y la tolerancia entre las personas; así, cuando Hitler llegó al poder el 30 de enero de 1933 no quiso regresar a Alemania.

La Historia de Europa y de Estados Unidos se ha formado de modo entrelazado.

El siglo XVIII fue el siglo del impulso político de la democracia y del constitucionalismo. La revolución americana dirigida por George Washington y la declaración de independencia de los Estados Unidos redactada por Jefferson fueron la base, junto a las ideas de la Ilustración, para la Revolución francesa de 1789 que derrocó al Rey absoluto y reconoció (sin respetarlos) los derechos fundamentales de los ciudadanos. España tomó ejemplo en la Constitución de 1812 aunque conservó el régimen monárquico limitando el poder real.

El siglo XIX fue el siglo de la consolidación de la revolución industrial, la acumulación de capital, la implantación del maquinismo y la  desaparición del trabajo de artesanos que  produjo desempleo, migraciones y angustia en la población europea dando lugar a protestas sociales, que inspiraron a Karl Marx en la redacción del Manifiesto comunista publicado en 1848 en el que expuso la ideología comunista marxista, de la  lucha de clases del proletariado contra la burguesía para alcanzar la  dictadura del partido único, estatalizar la propiedad privada  y controlar  los resortes del Estado. El fomento político del enfrentamiento social preocupó mucho a la Iglesia Católica y en 1891 el Papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum, (ahora recordada tras la elección del nombre de León XIV por el nuevo Papa), que reconoció la propiedad privada como derecho natural, la dignidad de la persona y propuso a los Estados la aprobación de leyes protectoras de las condiciones laborales de los trabajadores.

El siglo XX se caracterizó por la popularización del disfrute de los nuevos avances científicos y tecnológicos (energías, vehículos, electrodomésticos, maquinaria industrial…) pero, en paralelo, permitió alentar la expansión del insufrible nacionalismo racista de superioridad sobre los demás, que llevaron a Europa a dos guerras mundiales. El 8 de mayo de 1945 acabó la II Guerra Mundial y su final, hace 80 años, se ha celebrado en Berlín con satisfacción. Europa desde entonces se unió contra el fanatismo nacionalista, reconoció el valor de la dignidad humana y decidió caminar en respetuosa convivencia en un marco de libre comercio.

La ciencia ha dado grandes pasos durante el siglo XX y en el siglo XXI tenemos instrumentos inimaginables: televisión, teléfono móvil, Internet, posibilidad de viajar de Europa a América en 8 horas, la robótica y …la IA.

Ante ello, los factores clásicos de producción económica: la tierra, el trabajo y el capital, han sufrido una gran alteración porque el modelo económico actual exige la concentración de talento, investigación y recursos económicos. Evidentemente, el sistema político que ha permitido esos avances es la democracia liberal, con división de poderes y justicia independiente, porque aporta seguridad jurídica y, como hizo Einstein con la dictadura nazi, debemos rechazar las dictaduras y a los aspirantes a dictadores, que no respetan la libertad individual ni el control del Parlamento.

En conclusión, el modelo político de democracia liberal ayuda a impulsar la libre iniciativa, la ciencia y el crecimiento económico, como ha ocurrido en los tres últimos siglos, y además, conocemos que los factores clásicos de producción se complementan con otros requisitos necesarios; la formación sólida para conseguir talento, medios de investigación y mecanismos para formar y aplicar capitales.

 

 

(*Carlos Entrena es melillense y presidente del Club Liberal Español)

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El poder de las ideas y de la ciencia

Redacción

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