Ante la continua falta de civismo por parte de muchos melillenses que con ciertas actitudes, inciden directamente en el mal uso de las zonas comunes para detrimento del medio ambiente, uno de nuestros lectores, remite una nota donde denuncia la “repugnancia” que provocan ciertos actos y en concreto los relacionados con las playas de la ciudad, donde se queja abiertamente de las colillas en la arena, del papel de plata junto a cada sombrilla, y sobre todo, del peligro de las botellas rotas y de los restos negros del carbón quemado, así como de la comida arrojada de “vete tú a saber de qué boca”. Insistiendo en que “no es que no pase la máquina cada mañana para alisar la arena y de paso, enterrar las evidencias del crimen de la noche anterior, como tampoco de que no se pueda disfrutar la playa de madrugada, es que da asco tanta cochinada de mis conciudadanos cuando al amanecer, uno también quiere disfrutar de la playa y darse un baño sin que la inmundicia lo angustie”.
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“El estercolero de la playa”
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