La fachada del Banco de Alimentos de Melilla, un recurso vital para muchas familias.
El encarecimiento del coste de la vida con la subida de la cesta de la compra, la luz y el alquiler ha provocado que muchas familias melillenses que nunca habían tenido que recurrir al Banco de Alimentos porque disponían de “ciertos recursos económicos”, ahora acuden momentáneamente a dicha entidad para “salir del bache” en fechas señaladas como Navidad, curso escolar o la cuesta de enero, entre otras.
“En las fechas más señaladas hay personas e incluso familias que tienen recursos pero no llegan a final de mes y nos piden ayuda puntual”, ha señalado al MELILLA HOY Pedro Paredes, presidente del Banco de Alimentos de Melilla, que afirma que este fenómeno no sucedía antes.
“Aunque nos vayan subiendo un poco los salarios a las personas que tenemos recursos económicos, el poder adquisitivo ha disminuido totalmente. Eso está clarísimo”, sostiene.
Por ello, la entidad que preside intenta “aliviar” a estas personas y familias en la medida de lo posible.
Por ello, considera importante que se aplique la ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, aprobada por el Gobierno de España en abril, dejando un margen de tiempo a las empresas para que se adapten.
Paredes ha afirmado que de las 100 toneladas de alimentos que han repartido este año, en torno a unas 40-45 toneladas son de alimentos que han recuperado.
Otra cosa a tener en cuenta son las tarjetas monedero del Fondo Social Europeo +, que se han empezado a repartir hace diez días y que, a su juicio, se tendría que haber puesto en marcha hace meses para que se pudiesen adquirir alimentos. Por lo tanto, todas esas familias han ido derivando al Banco de Alimentos, que ha casi duplicado la atención a 7.000 personas de manera puntual o durante un tiempo determinado.
Así, ha cifrado en 100 toneladas de alimentos las que repartirán este año atendiendo a 7.000 personas, de las que aproximadamente 400 son bebés o lactantes.
Paredes considera que el retraso en la puesta en marcha de las tarjetas monedero no se ha debido a cuestiones políticas, sino más bien a una cuestión administrativa.
A su juicio, prefiere el método “tradicional”, que es que los fondos europeos se distribuyesen en forma de alimentos y no mediante tarjetas monedero, ya que asegura que se repartían “hasta tres veces al año de manera fija esos alimentos físicamente”.
Con las tarjetas monedero, Paredes explica que las familias podían adquirir aquellos alimentos que están identificados previamente en la tarjeta, y se han empezado a repartir “hace muy poco tiempo”, concretamente a principios de diciembre.
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