Categorías: Opinión

¡Dios mío, en qué manos estamos!

Por definición-es de microbiología básica-, un virus es un parásito intracelular que utiliza para crecer y multiplicarse, el material genético de las células que invade, de ahí que en esa mezcla de materiales genéticos, a veces se producen errores en la copia del material genético viral y aparecen las mutaciones. La gran mayoría no son más graves que el original, pero en algunos casos, se modifican algunas de sus características-la transmisibilidad, la patogenicidad o la letalidad-; los virus RNA sufren más mutaciones que los DNA, esto es lo que está pasando con el SAR-Cov-2 tras su paso por más de 100 millones de personas en el mundo, y es lo que debería de preocuparnos y ocuparnos, ¡para lograr la vacunación más generalizada y acelerada posible!
Entre las últimas “simonadas» (para que no haya dudas, ocurrencias de Fernando Simón), se halla la de que en España tendríamos muy pocos casos causados por la cepa británica-sería marginal, dijo-; pero en el baile de la yenka tradicional del gobierno en esta crisis, pasada una semana dice que será la dominante en toda Europa. Inevitablemente todos recordamos los numerosos juicios y/o augurios errados del personaje, que hacen incomprensible el que aún continúe al frente de la gestión técnica de la epidemia en España, y ¡por supuesto! supimos que lo más seguro era que la cepa británica imperaría en España, como lo va a hacer el resto de Europa. Para mayor preocupación-si ello es posible-la cepa británica parece que tiene mayor letalidad (mayor mortalidad ya la tenía, al ser un 33% más de transmisible que la anterior).
Desde estas líneas se señaló, que el verdadero tope en el avance del programa de vacunación era el de la disponibilidad de dosis, lamentablemente sigue siendo así y lo ocurrido con las vacunas de Pfizer-reducción temporal de las dosis enviadas-ha venido la corroborar dicha aseveración; y ello además, ha reforzado la estrategia de aquellas C.C.A.A. como Madrid, que limitaron la vacunación a la disposición de las dos dosis, que yo no comparto porque estoy convencido de que dicha reducción es temporal y la vacunación debería de ser mucho más acelerada, si se dispusiera de suficientes dosis, y ese freno se mantendrá hasta disponer de todos los tipos de vacunas, que la U.E. ha comprometido con las farmacéuticas.
De nuevo debo de hacer referencia a lo escrito en este espacio, cuando hacía mención a que entre las medidas para acelerar dicho programa, figuraba el asegurar los suministros logísticos necesarios; “de pronto” resulta que podríamos aumentar un 20% las dosis administradas-Illa lo minimiza, pero un 20% de un millón de viales son 200.000 dosis-, y sólo con haber previsto una jeringuilla para ello con un espacio muerto mínimo, es decir, la que minimiza el resto que se pierde en el vial-cosa que una enfermera con experiencia hubiera previsto-, ello permitiría ganar esa sexta dosis de modo sistemático. Sin embargo, la previsión no es común entre nuestros gestores, y ahora están a la “caza” de las mismas, como lo estuvieron detrás de las mascarillas o de los ventiladores.
La entrada de Salvador Illa en el gobierno, fue la apuesta de Pedro Sánchez para tender puentes con ERC y lograr/afianzar su presidencia del gobierno, hasta aquí nada extraordinario; sí lo es la elección de Illa como candidato a la Generalitat por el PSC, y era cuestión de tiempo-no ha sido necesario mucho-, que el candidato Illa pusiera en apuros al ministro Illa, ya que el conflicto de intereses de ambas figuras era muy evidente. Y al peor momento de la epidemia, en ascenso continuado y sin control, se enfrenta un equipo dirigido por un ministro a tiempo parcial; pero Sánchez asume el coste, que sin duda ello puede tener en el resto de España, a costa del supuesto rédito político que la figura del ministro, añade a la de su candidato para gobernar Cataluña.
N.A.- El mundo desarrollado se equivoca si centra la lucha contra la epidemia sólo en su ámbito territorial, un problema global debe tener una solución de ese espectro, por ello la estrategia-si se quiere ganar la guerra y no unas batallas-, debe de contemplar que la vacuna llegue a los países del tercer mundo, al menos a su personal sanitario en su inicio.

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