Ministros y gerifaltes del Partido Popular trataban el pasado viernes de explicar y explicarse su estupefacción diciendo que lo sentían por España. No por ellos, por la pérdida de sus cargos, sus sueldos y sus prebendas, sino por España. Sin embargo, durante los seis años y pico anteriores, los de su acción de gobierno, no se les vio sentir mucho las fatigas y los sufrimientos de España, de los españoles, a cuenta de sus políticas despiadadas, que cargaron el peso de la crisis en las espaldas de los más desfavorecidos y vulnerables.
Podía el PP, ciertamente, haber empatizado con España cuando debía, evitando que el empobrecimiento y aun la miserabilización de tantos se correspondiera con el obsceno enriquecimiento de tan pocos. Podía haber experimentado ese compasivo sentimiento por la nación cuando tantos de los suyos robaban a dos manos los recursos comunales, hinchándose a mordidas, a comisiones ilícitas y a dar luz verde a los sobreprecios monstruosos con que sus favorecedores inflaban las obras públicas. Podía el gobierno del PP haber sentido como propia la desesperación del desahuciado, del explotado, del estafado o del enfermo que esperaba meses y meses la operación salvífica, pero ha venido a sentir por España que ésta, a través de sus representantes legítimos, haya conseguido zafarse, siquiera momentáneamente, de un Gobierno, de un partido, con tan extraña resonancia emocional.
Pero aún está a tiempo el Partido Popular, que domina con su aborrecido socio Ciudadanos la Cámara, de convencer a los españoles de que su sentimiento, su amor, es sincero: basta que haga una oposición positiva, sensata y civilizada de aquí a las elecciones, en vez de eso que cuando no gobierna se le da tan divinamente, la crispación, el incendio, la bronca, el boicot y la debelación infame. No parece que tildar al nuevo gobierno de antipatriota, de cuerda de filoetarras y separatistas, de quintacolumnista de los intereses más espúreos y aberrantes vaya, lamentablemente, en consonancia con esa afección y con ese desear lo mejor para España.
Cuando se vieron súbitamente en la calle, dijeron sentirlo por España. ¿Qué sería de la patria sin ellos y en manos de ese nuevo gobierno sedicente? Lástima que no la sintieran con tanto amor, a España, antes.
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Dijeron sentirlo por España
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