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Opinión

Desde mi otero| La inmunidad colectiva, ¿una quimera en Melilla?

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Hemos pasado el período vacacional como era de esperar-tras meses de penuria económica y tristeza social deprimentes-, estaba claro que el estío iba a ser una isla donde la gente iba a buscar consuelo y abrigo, e intentar recuperar el tiempo -de ocio y diversión- perdido, ante la aparente bonanza de los datos epidemiológicos.

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A esta fuga como si no hubiera un mañana -de todos los que han podido, no seamos fariseos-, contribuyó sin duda y no poco, el pistoletazo dado por el presidente Sánchez, al anunciar la caída de la mascarilla antes de su aprobación en los órganos colegiados competentes, en concreto ¡nueve días antes!. El mensaje subliminal dado, sobre todo a los que ansiaban escucharlo, fue de incalculables efectos (negativos) en el cambio de hábitos de una parte de la población.

La epidemia goza de “buena salud” para nuestro pesar, y su quinta ola lo demuestra, ya que es un claro ejemplo de la capacidad de renovación vital del virus -gracias a sus variantes-, en los cientos y miles de millones de personas aún no infectadas; así asistimos a un nuevo resurgimiento como si de un ave fénix se tratara, pero no olvidemos que renace sobre todo de la actitud irresponsable de esa parte de la población citada, tanto por rechazar la vacunación como por no respetar las medidas preventivas, que siguen siendo imprescindibles aún estando vacunados.  

Y no puede alegarse sorpresa,  porque el año pasado ya sucedió y en este año se alertó sobre ello, el verano ha traído las vacaciones ¡y los viajes de fin de semana!, que han aumentado sobremanera la movilidad de la población, y con ello el contacto descontrolado en muchos casos. Sólo queda esperar a ver adonde va a llegar el actual repunte, cuyo control será laborioso, con un proceso lento y prolongado en el tiempo, motivado por que la movilidad de la población aún es alta.  

Alcanzado ya el 70% de cobertura vacunal nacional y talvez con ello la inmunidad de grupo, hay que lamentar su tardanza en alcanzarlo, ya que es la medida más efectiva en el control de la epidemia; sin embargo en Melilla aún se está lejos de ello, lo que influye en la tórpida evolución de la epidemia en nuestra ciudad. Hay que reconocer que Salud Pública ha dispuesto numerosos recursos para lograr la mayor cobertura posible, pero ante el fracaso en la respuesta de parte de la población, deberá buscar nuevas vías para lograr que una vez más Melilla no sea diferente al resto de España.

En cualquier caso no toquemos campana alguna, porque este problema es global, y por ello el avance en ese logro debe ser total -en España, en Europa y en el mundo-; por si fuera poco, voces reputadas basadas en la alta transmisibilidad de la variante delta, alejan esa figurada meta del 70% y la ponen en el 85%. Así que sólo cabe ser muy prudente en nuestros viajes, y evitar los internacionales si se puede. Nuestro gozo en un pozo.

En Melilla todo llega como siempre con retraso -pero llega-, y los datos indican una elevada presencia del virus en el medio, sólo así se debe de interpretar que entre el 5 y el 10% de los tests que se realizan sean positivos, que el riesgo de transmisión sea un 25% mayor que la media de España, y que el riesgo de rebrote y la incidencia acumulada estén en ascenso, colocando a nuestra ciudad en lo más alto de ese negativo pódium.

Sólo queda desear que no tenga las tristes consecuencias -hospitalizaciones y fallecimientos-, que en la península se están sufriendo, aunque la historia de la enfermedad es la que es, y hasta octubre tendremos de nuevo un período “caliente”, debiendo tener un nivel de alerta mayor, para evitar un otoño tan desastroso como el del pasado año. La  población mediante su conducta responsable tiene en ello un papel fundamental.

Y el inicio del curso escolar, con el antecedente de los buenos resultados en su gestión y desarrollo del pasado curso, se vislumbra con las mismas premisas de control pero con plena y simultánea presencia, por lo que siendo optimista hay que pensar que se pueden obtener de nuevo dichos resultados, al fin y al cabo ya se tiene la experiencia; sin embargo, la directriz ministerial de la máxima presencialidad de las clases, puede ser un hándicap en Melilla, al tener las mayores ratios de alumnos por clase de España.

N.A.- En el otro horizonte de Melilla, se ven las palabras del rey Mohamed VI sobre una supuesta actualización de las bases de las relaciones entre España y Marruecos, y que rápidamente se han elogiado desde los foros oficiales o con intereses en la cuestión; sin embargo, y por los antecedentes, soy pesimista sobre el enigmático sentido de esas palabras, porque hasta ahora la historia de dichas relaciones, han estado presididas por la cuestión del coste-siempre para España-, así que dos preguntas me asaltan sobre esa actualización: ¿cuanto le costará a España y/o a Europa?, y otra aún más inquietante, ¿cuanto está dispuesto el presidente Sánchez a ceder para ello?.    

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