Categorías: Inmigración

Denuncian extorsión a refugiados y separación de familias en la frontera

El Servicio Jesuita a Migrantes y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas han elaborado un informe que detalla las extorsiones y las situaciones “traumáticas” a las que son sometidos los refugiados sirios que intentan llegar a Melilla desde Nador y que tienen que recurrir a los pasantes, dejando incluso a sus hijos pequeños en manos de desconocidos, para poder alcanzar la oficina de asilo que el Gobierno creó precisamente para facilitar el acceso a la protección internacional. Según el trabajo ‘Derechos Humanos en la Frontera Sur: Entre Nador y Melilla’, “las escasas oportunidades de acceder a España por canales legales para migrantes procedentes de países en desarrollo y las dificultades para atravesar la frontera son fuente de negocio para mafias y pasadores” en un contexto en el que, según afirma, “todo indica la existencia de un proceso sincronizado de gestión del flujo de personas” entre Marruecos y España.
Esos pasadores, muchos de ellos organizados en mafias, contactan con los migrantes y refugiados y les acaban imponiendo el modo de cruzar cobrando “elevadas sumas por sus servicios” en función, tal y como dice el informe, “de las dificultades coyunturales de acceso que existan en la frontera y de la demanda”.
El informe cita varios ejemplos, como el de Issa, de Siria, que tuvo que pagar 1.300 a los pasadores en Nador. Había salido de Siria dos años y medio antes en busca de protección internacional. Entre Turquía, Líbano, Argelia y Marruecos, lleva gastados más de 26.000 euros, cuando la renta media anual de un sirio en 2011 era de 5.000 euros. Amal, igualmente siria, madre de tres hijos cuyo marido se encuentra en Líbano, tuvo que pagar 1.600 euros para pasar de Argelia a Marruecos y 4.400 para cruzar la línea española.

“La peor frontera de todas”
“Si se trata de familias con muchos más miembros, la suma puede ascender hasta 13.000 euros, tal y como le ocurrió a la familia de Aamer (de Homs, Siria): 15 miembros contando con su mujer, hijos, hermanos y sobrinos). Venían de cruzar Líbano, Egipto, Argelia y Marruecos. A su parecer, la frontera hispano-marroquí es la peor de todas”, expone el trabajo.
La documentación falsa, marroquí o española, cuesta mil euros por adulto y entre 400 y 700 por niño, que, con frecuencia, ha de pasar de la mano de un adulto desconocido haciéndose pasar por su hijo y confiando en que al otro lado de la frontera le llevará al Centro de Estancia Temporal para que se reúna o espere a sus parientes. También es frecuente que los pasadores escondan a los menores en coches previo pago de sus familias para poderles cruzar.
La principal consecuencia es la separación, pues no todos los miembros de la misma familia consiguen pasar. “Les afecta mucho separarse de los niños y la incertidumbre de no saber cuándo los pasadores harán cruzar a los menores, pero tienen que fiarse a pesar de todo”, explica el trabajo del Servicio Jesuita a Migrantes.

Las pruebas de ADN
Además, cuando son niños solos y pese a que los sirios “aportan documentos que acreditan su identidad y filiación” a diferencia de los menores no acompañados de otras nacionalidades, sigue vigente el protocolo contra la trata de seres humanos, por lo que un niño solo automáticamente ingresa en un centro de menores y cuando su familia lo reclama, ha de hacerse pruebas de ADN para contrastar la filiación, prolongando la separación.
“La separación de las familias y la misma estancia en Melilla se alarga cuando hay errores en los resultados de las pruebas de ADN, o cuando se retrasan las citas. Se han podido apreciar informaciones contradictorias sobre lo que se ha venido realizando y lo que no: parece que falta entendimiento entre Policía, Fiscalía y la Consejería de Bienestar Social”, denuncia el informe.
En este sentido, incide en que “no se ha demostrado ni un solo caso en el que los progenitores mientan” y pese a ello, “esta práctica se ha mantenido hasta muy recientemente” separando a los menores de sus padres “de modo automático, en todo caso”. “¿Cómo es posible que sabiendo todo lo que ocurre en torno a la frontera, al llegar a Melilla se separe a un niño de sus padres aun acreditando legalmente la filiación? Sin duda, es una de las mayores vulneraciones del interés superior del menor, además de ser una de las experiencias más traumáticas”, señala.

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Redacción

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