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Carta del Editor

De la amistad y de los libros

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Leyendo ABC el sábado 21 de agosto, una parte de mi pasado volvió a mí. En la sección veraniega del periódico “Famosos de ayer” apareció una noticia sobre Kimera, “La princesa surcoreana que se hizo famosa por el secuestro de su hija”.

Kimera era una mujer de voz prodigiosa, la mujer de un amigo mío, Raymond Nakachian, un libanés de origen armenio, una de las personas más inteligentes y decididas que he conocido, además de uno de los más ricos y que mayor ostentación pública hacía de su riqueza, de cuyo origen y mantenimiento jamás hablé con él, ni me comentó nunca.

La pareja tenía cuatro hijos. El mayor y primogénito, fruto del anterior matrimonio de Raymond, un varón tranquilo y apocado. La menor, Melodie, hija de Kimera, una pequeña mimada algo insoportable. Tenía Raymond, entre Rolls Royces y otras riquezas, un par de pistas de tenis en su inmensa villa marbellí, Villa Melodie, a la que me invitaba a jugar con frecuencia, quizás para ganarme alguna vez o, al menos, ganarme un juego, lo que nunca consiguió, a pesar de las peticiones de nuestros amigos comunes (déjale ganar al menos un juego), con nuestro común amigo, el gran Dawalibi -otro libanés muy inteligente- a la cabeza de la petición.

El 9 de noviembre de 1987 recibí una llamada telefónica de un angustiado Nakachian que me explicaba, en inglés, que a su pequeña hija Melodie la habían raptado en Marbella y pidiéndome que recurriera a quien pudiera -él conocía a algunos de mis amigos- para intentar liberarla. Era la primera persona a la que llamó. Así lo hice y, tras once días de angustias y de inmensa atención pública, el caso es que Melodie fue liberada por unos Geos. Quizás ayudó -como Dawalibi me decía festivamente, tras haber pasado todo- el hecho de que los secuestradores no pudieron aguantar a la entonces insoportable niña.

Fue, en fin, la liberación de Melodie una inmensa alegría para todos, especialmente para sus padres, claro, pero el daño causado a esos padres, e incluso al buen hermano mayor, que fue el que llevaba a la niña al colegio cuando la raptaron, al que Raymond, en su desesperación, siempre culpó de parte del desastre y que terminó suicidándose.

Yo ya empezaba en aquellas fechas a ir muy poco a Marbella y fui perdiendo el contacto con mi amigo Raymond, así que no sabía -aunque podía imaginarlo- que su riqueza terminó, ni que murió, arruinado, tras unas malas inversiones inmobiliarias, el 16 de junio de 2014. Me apena no haber prestado más atención a quien tanto se ofreció a ayudarme, con quien tanto hablé y a quien tanto admiré como persona con experiencia y valor. En alguna de nuestras últimas reuniones me dijo que el jefe de los secuestradores de su hija -un hampón francés, una persona cercana a él, un conocido- no moriría pacíficamente en la cárcel, y creo que así ocurrió. Así, además de extraordinariamente inteligente y generoso con todos, era mi amigo Raymond Nakachian, el padre de Melodie.

Edición de libros en Melilla

Creo, y me baso en mi propia experiencia, que cualquier iniciativa empresarial que se intenta en Melilla -una ciudad que necesita desesperadamente innovación e inversiones empresariales- encuentra enormes dificultades, de todo tipo, para nacer, primero, y para prosperar, después.

A pesar de ello, inasequibles al desaliento, seguimos invirtiendo aquí y nuestra última inversión empresarial ha sido convertir nuestra impresión del periódico a base de rotativa, y de nuestra imprenta La Hispana, en una moderna impresión digital.

Como una de las consecuencias de la innovación, MELILLA HOY es hoy uno de los periódicos mejor impreso del mundo, sino el mejor. Además, estamos imprimiendo en nuestras instalaciones el mejor diario deportivo de España, el Marca, vendiéndolo conjuntamente con nuestro periódico y haciendo posible que la prensa nacional en papel, que no podía llegar a Melilla, se pueda leer ahora. Seguiremos avanzando en ese campo de intentar imprimir otros periódicos, como en hacer en nuestra ciudad más y muy variados trabajos modernos de imprenta.

Simultáneamente, hemos empezado también con la impresión, edición y venta de libros en Melilla, algo inexistente hasta ahora en nuestra ciudad, y lo hemos hecho con dos libros de autores muy ligados a Melilla, como Severiano Gil y su libro, con Annual al fondo, “Los 18 del Tiétar”, al que seguirá un segundo libro, “José y Hamed”, que editaremos en los próximos días, y como la segunda edición, corregida y aumentada, del inmenso, gran trabajo del ilustre melillense Miguel Platón, “El primer día de la guerra. Segunda República y Guerra Civil en Melilla”.

La impresión y edición de libros queda abierta para todos aquellos, melillenses o no, que quieran publicar, con pequeñas o grandes tiradas, cualquier tipo de libro. Y eso lo haremos contando con el manifestado apoyo de la Consejería de Cultura, Educación, Cultura, Festejos e Igualdad, que dirige Elena Fernández Treviño, apoyo que agradecemos y valoramos. Lo haremos tanto si esos libros le pueden gustar a, por ejemplo, Vicente Moga, como si ocurre lo contrario.

El papel no desaparecerá, ni tampoco la memoria, que en los libros se mantiene y se transmite. “Antiguo y múltiple es el nexo entre libro y libertad”, es la bella frase final del pequeño y gran libro de título “Libro y libertad”, del italiano Luciano Canfora. Pues eso, y en Melilla.

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