La Policía Nacional ha detenido a cuatro personas a las que se considera integrantes de un grupo criminal afincado entre Melilla y Marruecos que, supuestamente, se dedicaban al tráfico de inmigrantes con embarcaciones de recreo, logrando que hasta 21 personas accedieran de forma irregular a Melilla y Almería.
En una nota de prensa, la Jefatura Superior de Policía de Melilla ha informado de que esta actuación la ha llevado a cabo la Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), y la investigación, que ha calificado de “ardua”, continúa abierta a la espera de efectuar más detenciones.
Según la Policía, esta red utilizaba embarcaciones de recreo con atraque en el Puerto Deportivo de Melilla y llegó a introducir en territorio español a 21 personas procedentes de Marruecos en dos viajes, uno a Melilla y otro a Almería.
Esta organización desembarcó a finales de mayo en la costa de Melilla a dos marroquíes, que fueron recogidos por un miembro de la organización, el cual pudo ser detenido junto con los inmigrantes que trataban de acceder a la ciudad de manera irregular.
Los agentes investigadores cerraron el cerco sobre la embarcación, que se volvió a utilizar para el traslado de 19 personas extranjeras, incluidos varios menores de edad, a la costa de Adra (Almería).
En aquel momento, pudo detener a tres miembros más de la organización, que cobraban a cada persona 3.500 euros.
Grave peligro
Los trayectos los hacían rebasando temerariamente la capacidad que la embarcación admitía, de apenas 5 metros de eslora, en la que hacinaron a 19 personas, y se hicieron a la mar en condiciones meteorológicas adversas, con el consiguiente riesgo para la vida de todos ellos.
La Policía Nacional ha podido averiguar que la organización se vertebra en cuatro escalones, y a la cabeza se situaba el encargado de organizar los viajes, que también se llevaba la mayor parte de los ilícitos beneficios.
En escalones inferiores estaban los captadores de las víctimas y pilotos de las embarcaciones y los encargados del mantenimiento de los barcos y de efectuar vigilancias para advertir la presencia policial.
Finalmente, en el escalón más bajo, estaban los testaferros, que eran personas que no participaban directamente en la actividad delincuencial, pero que eran fundamentales para ocultar la identidad del organizador y cerebro de la red y se situaban como propietarios de las embarcaciones.
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