Carta del Editor
MH, 28/8/2024
Enrique Bohórquez López-Dóriga
¿Cosoberanía en Melilla y Ceuta? El sábado pasado, en nuestro periódico, publicamos: “El Observatorio de Ceuta y Melilla ve improbable que España y Marruecos negocien una supuesta cosoberanía sobre ambas ciudades. Si se tomara una decisión así, se estaría alimentando la avidez marroquí, no se estaría contribuyendo a tener unas relaciones saludables con Marruecos y sería una concesión inaceptable”
El director del Observatorio, Carlos Echeverría, ha manifestado, además, que “el irredentismo marroquí genera confusión y ese siempre es el escenario que a Marruecos le interesa”, y – ahora viene lo más peligroso para Melilla y Ceuta- Echeverría resalta “sus reservas a que una autoridad política y mínimamente responsable y seria hubiese aceptado -la cosoberanía- tal escenario entreguista”.
Un analista experto en metodología de inteligencia -hay miles de “expertos”, en casi todo- Fernando Cocho Pérez, aseguró hace un par de semanas que Madrid y Rabat habrían alcanzado un acuerdo para la cosoberanía de las dos localidades norteafricanas, que se ejecutaría a partir del año 2030
Las declaraciones del director del Observatorio vienen precedidas por las de un analista experto en metodología de inteligencia -hay miles de “expertos”, en casi todo- Fernando Cocho Pérez, quien aseguró hace un par de semanas que Madrid y Rabat habrían alcanzado un acuerdo para la cosoberanía de las dos localidades norteafricanas, que se ejecutaría a partir del año 2030.
La cosoberanía hispano-marroquí de Melilla y Ceuta sería, sin duda alguna, el final español de las dos ciudades, la muerte de las dos ciudades. Repito: sin duda alguna. Lo terrible de esta situación no es que el régimen autocrático marroquí quiera lograr la cosoberanía en las dos centenarias ciudades españolas. Lo terrorífico es que nuestro actual Gobierno comunista y separatista sea capaz de aceptar tal situación… y todos -menos la delegada del Gobierno en Melilla y quizás dos o tres melillenses y ceutíes más- sabemos que el Gobierno Sánchez es capaz de hacerlo. Tan capaz de hacerlo como de asegurar que nunca lo hará… y hacerlo, tras el correspondiente “cambio de opinión”.
La cosoberanía hispano-marroquí de Melilla y Ceuta sería, sin duda alguna, el final español de las dos ciudades, la muerte de las dos ciudades. Repito: sin duda alguna
El servilismo de Pedro Sánchez ante el régimen marroquí es tan ostentoso -por las razones personales que todos suponemos-, lo que ha hecho con el Sahara es tan vergonzoso, que podemos empezar a temblar y a hacer todo lo posible para que Pedro Sánchez deje de ser presidente de España lo antes posible, hoy mejor que mañana. Lo que está en juego no es solo Melilla y Ceuta. También están en peligro los peñones de soberanía española del norte de África: Vélez de la Gomera (desde el siglo XVI), Alhucemas (1673) y las Islas Chafarinas (1848). Y, de fondo, el peligro acecha, también, a la otra posesión española en África, las Islas Canarias (las Islas Afortunadas, como la conocían los antiguos romanos).
Otro territorio español en África, El Sáhara, ya fue prácticamente entregado a Marruecos tras una decisión personal de Pedro Sánchez hace dos años. “Con la aquiescencia incapaz de las Naciones Unidas, el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui está muerto y enterrado. Los saharauis del Frente Polisario empezaron a matarlo y, recientemente, Estados Unidos y la propia España lo terminaron de enterrar” escribió el domingo Gonzalo Fernández en nuestro periódico.
El periodista y escritor Domingo del Pino publicó en 1983 un libro que tuvo gran resonancia: “La última guerra con Marruecos: Ceuta y Melilla. Dos ciudades españolas en el punto de mira marroquí”. Recuerda, en el penúltimo capítulo del libro, que en la vigente Constitución española, de 1978, concretamente en el 62.2 y el 69.4, del Título III, se mencionan expresamente a Ceuta y Melilla -para fijar el número de sus senadores y diputados- y que el artículo 2 de la CE protege la unidad y la indivisibilidad de la Nación española. Además el artículo 8.1 establece que las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, y un eventual conflicto con Marruecos tendría como consecuencia una declaración de guerra, que Marruecos no necesita, pudiendo imponer, como ha hecho, medidas económicas y de control fronterizo que vayan ahogando a las dos ciudades españolas si el Gobierno español, como está ocurriendo, no reacciona… ni tiene visos de que vaya a reaccionar.
El servilismo de Pedro Sánchez ante el régimen marroquí es tan ostentoso -por las razones personales que todos suponemos-, lo que ha hecho con el Sahara es tan vergonzoso, que podemos empezar a temblar y a hacer todo lo posible para que Pedro Sánchez deje de ser presidente de España lo antes posible, hoy mejor que mañana
El último capítulo del libro de Domingo del Pino aboga “por una política española realista para hacer frente a esta reivindicación”. Me recordó a Saturno, el padre de Júpiter, el dios romano de la edad de oro, en la que los hombres no envejecían y cuando les llegaba el momento de la muerte, simplemente se quedaban dormidos. A Saturno lo exilió su hijo, Júpiter, a una isla desierta, donde todavía vive en una especie de muerte temporal, hasta que se despierte y subvierta el orden de las cosas.
Eso creían los romanos de la edad de oro. Quizás nosotros, melillenses y ceutíes, visto que lo de ser comunidad autónoma española no avanza políticamente (como me temía y sigo temiendo), podríamos aspirar a que, dada nuestra estratégica ubicación, y si se elaborase un proyecto militar y económico global para el Estrecho de Gibraltar, el Mediterráneo y el Atlantico, Melilla y Ceuta, españolas, podrían ser muy importantes para la OTAN y para la economía del mundo libre en general. Hay que agotar todo -cese de Pedro Sánchez en la presidencia, para empezar- para evitar que la cosoberanía, la muerte anunciada de Melilla y Ceuta, no se produzca.
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¿Cosoberanía: el inicio de una muerte anunciada?
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