El Faro de Sidi Ifni se alza sobre la costa, ofreciendo vistas espectaculares.
La Semana. MH, 29/12/2025
Por: J.B.
La Comisión Europea ha propuesto suavizar la prohibición efectiva de la venta de nuevos coches de combustión interna a partir de 2035, respondiendo a presiones de la industria automovilística y a un ritmo de adopción de vehículos eléctricos (VE) más lento de lo esperado. Esta medida permitiría continuar con la venta de híbridos enchufables y daría un margen de tres años para reducir emisiones de CO₂ en un 55% entre 2030 y 2032. Alargar este proceso de sustitución podría ofrecer ventajas significativas, especialmente considerando que algunos coches de combustión modernos emiten niveles de contaminación comparables a los VE y las limitaciones actuales en la infraestructura de recarga.
Ventajas significativas, especialmente considerando que algunos coches de combustión modernos emiten niveles de contaminación comparables a los VE y las limitaciones actuales en la infraestructura de recarga
Emisiones comparables: no todo es blanco o negro
Uno de los argumentos clave a favor de una transición más gradual es que no todos los vehículos de combustión interna (ICE, por sus siglas en inglés) son igual de contaminantes. Estudios recientes muestran que, en el análisis de ciclo de vida —que incluye producción, uso y fin de vida—, los VE emiten en promedio un 73% menos de gases de efecto invernadero (GEI) que los coches de gasolina en la UE, con 63 g de CO₂ equivalente por km frente a 235 g. Esta ventaja se reduce en escenarios donde la electricidad proviene de redes dominadas por combustibles fósiles, como el carbón. En tales casos, las emisiones de los VE pueden aumentar hasta un 17,98% más que las de los ICE más eficientes, debido a la intensidad de carbono en la producción de baterías y la carga. Por ejemplo, los híbridos convencionales emiten alrededor de 188 g de CO₂e/km (un 20% menos que los gasolina puros), y los híbridos enchufables, 163 g (un 30% menos), acercándose en algunos contextos regionales a los niveles de VE cargados en redes sucias.
En regiones como Polonia o partes de Alemania, donde el carbón aún representa una porción significativa de la mezcla energética, un ICE eficiente o híbrido podría contaminar prácticamente lo mismo que un VE, sin las emisiones cero en el escape, pero con un impacto de ciclo de vida similar.
Repostar un VE sea mucho más lento que llenar un tanque de gasolina, con tiempos de carga que pueden superar los 30 minutos incluso en estaciones rápidas, comparado con los minutos de un surtidor tradicional.
Las desventajas de la recarga: pocos puntos y largas esperas
Otro factor crítico son las limitaciones prácticas de los VE en la actualidad. A pesar de que el número de puntos de carga pública en Europa creció un 35% en 2024, alcanzando más de un millón, la infraestructura aún es insuficiente en muchas áreas, especialmente rurales o de alta demanda. Los conductores se enfrentan a la congestión en las estaciones, con tiempos de espera prolongados o desvíos largos para encontrar un cargador disponible. Hay también otros problemas, como la congestión de la red eléctrica y los largos plazos para las conexiones nuevas, que ralentizan la expansión, formando cuellos de botella que podrían agravarse con una adopción masiva forzada.
Estos inconvenientes hacen que repostar un VE sea mucho más lento que llenar un tanque de gasolina, con tiempos de carga que pueden superar los 30 minutos incluso en estaciones rápidas, comparado con los minutos de un surtidor tradicional. Alargar la transición permitiría invertir en una red más robusta, reduciendo estas barreras y haciendo la adopción de VE más atractiva para los consumidores.
Es importante dar más tiempo a la industria y a los gobiernos para mejorar la infraestructura de carga. Descarbonizar la electricidad podría maximizar los beneficios ambientales, evitando presiones innecesarias sobre los consumidores y reconociendo que algunos vehículos de combustión modernos ofrecen emisiones comparables en ciertos escenarios. Esta flexibilidad podría preservar empleos y fomentar innovaciones en híbridos, mientras se acelera la transición hacia un transporte verdaderamente verde, algo que no todos desean ni ven como una panacea.
Siento pena por lo que España pudo haber sido y no fue y por lo que puede llegar a ser y muy probablemente no será. Si nuestros políticos, de todo signo-aunque acentuado en el caso del gobierno sanchista actual-, siguen anteponiendo sus intereses particulares y/o electoralistas a los intereses generales de todos los españoles, no se podrá explotar el increíble potencial de nuestro país.
España tiene casi de todo para ser una gran potencia europea y mundial: un gran clima; un gran número de emprendedores y autónomos que se dejan la piel cada día (pero que están hastiados de un gobierno que los exprime y ningunea); unas buenas (aunque mejorables a algunas zonas) infraestructuras y comunicaciones; un territorio amplio y fértil; una industria alimentaria y de la moda bastante potente; una industria pesada dependiente del exterior, pero que va avanzando pese a las trabas del gobierno; unas playas y una comida increíbles; una seguridad bastante razonable en las calles (aunque va empeorando por momentos, por la falta de leyes que apoyen la acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, y/o por las acciones o inacciones del gobierno en casos como la ocupación o la inmigración ilegal); etc.
Siento pena por lo que España pudo haber sido y no fue y por lo que puede llegar a ser y muy probablemente no será. Si nuestros políticos, de todo signo-aunque acentuado en el caso del gobierno sanchista actual-, siguen anteponiendo sus intereses particulares y/o electoralistas a los intereses generales.
Pero pese al tremendo potencial de España, vemos como Marruecos nos come la tostada ante Europa en el tema de la agricultura; nos diferenciamos (para mal) a la hora de defender el territorio común (Europa) con una política “buenista” basada en un gasto menor en Defensa al comprometido, que tiene como fondo el contentar a los imprescindibles socios de gobierno (Podemos); nos convertimos en la sociedad más pensionada y subsidiada de Europa y en los abanderados de una supuesta “protección social” que encubre un cambio de mentalidad que penaliza el esfuerzo, la valía o la productividad y premia al que no hace nada, no se esfuerza o no quiere trabajar; se empeñan nuestros gobernantes (con Sánchez, el “número 1”, a la cabeza) en ir dinamitando los pilares de cualquier democracia mediante el intento de control de los medios de comunicación y la justicia y con el secuestro de la soberanía del pueblo, que supone el gobernar con una minoría que no puede aprobar leyes ni presupuestos; cambiamos nuestra postura sobre el Sahara de un día para otro sin contraprestación ni razón conocida, como haría un país menor; etc.
Pese a que estamos en la puerta de un nuevo año, no soy optimista para el futuro porque el PP y Vox serán mejores que Sánchez y sus muchachos (cosa bastante fácil), pero no inspiran demasiada confianza con sus múltiples rencillas con fondo electoralista. Espero equivocarme y que se empiece, con el cambio de gobierno que, salvo catástrofe para España, se avecina, pronto a ver un cambio radical: gobernar para servir, no para servirse.
Estoy leyendo un interesante libro de Javier Reverte: “El médico de Ifni”. Trata sobre un militar que desertó del ejército español, y se unió al Frente Polisario, cuando el gobierno franquista de entonces, como ha vuelto a ocurrir ahora, decidió ponerse de parte de Marruecos y en contra de los saharauis. No se puede ser un país fuerte sin convicciones y con cambios de rumbo constantes….
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