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Cerrar con siete llaves el sepulcro de Franco

Contemplo y escucho, en los primeros informativos de la mañana del Día de la Fiesta Nacional, advocaciones a la unidad de la patria, glosas al himno, a la bandera y hasta descalificaciones, según de dónde provengan, a 'la izquierda', que, dicen, no comparte el espíritu de la jornada, 'como quedó demostrado en el rechazo público de Pablo Iglesias a acudir a la recepción del Rey'. A algunos les faltó entrevistar a la cabra de la Legión.

Bueno, en primer lugar, Pablo Iglesias y Podemos no representan a toda la izquierda. No sé si representan a un sector de la izquierda, dada la indefinición ideológica que se imponen. En segundo lugar, creo que quienes no quieren asistir a los actos de exaltación patriótica están en su perfecto derecho de abstenerse o incluso de rechazarlos: ¿cómo va a venir Artur Mas, por ejemplo, a estos fastos? No se pueden pedir peras al alcornoque. Lo malo son los desinformados. Lo malo son todos aquellos que no quieren mezclarse con himnos, banderas y proclamas 'del franquismo'. Cuando los países más fuertes y potentes son, en realidad, los que veneran esos signos, de los que, cierto es, tanto se abusó verbalmente y de hecho durante la dictadura. Pero de eso hace cuarenta años: el día veinte del próximo mes se cumplirán cuatro décadas de la muerte de Franco y, por tanto, del comienzo de la transición a la democracia, una transición con claros y oscuros, pero, en términos generales, afortunada.

Hora va siendo de, parafraseando a los apocalípticos de la generación del 98, cerrar con siete llaves el sepulcro de Franco, se instale definitivamente la tumba o no en el valle faraónico que él se construyó. Tal vez si olvidamos los excesos de aquel régimen aberrante, del que nuestros hijos apenas saben nada, recuperemos nuestros valores tradicionales. Podría ser un comienzo para la autocrítica de lo que hemos hecho mal, para la satisfacción por lo que hemos hecho bien y de perdón definitivo entre las personas y los territorios de España. Porque echar siete llaves al sepulcro de quien fue llamado el Caudillo supondrá empezar, de una vez, a gobernar de otra manera, con muy otra mentalidad. Porque incluso en democracia se pueden mantener, y se han mantenido, algunos de los tics viciosos de aquel pasado, cuarenta años ha.

Entiendo que, cuando ha transcurrido una nueva celebración del día nacional, es buen momento para la reflexión de que hemos de hacer, sin patrioterismos, pero sin derrotismos ni encogimientos de hombros, esa nación moderna, orgullosa de sí misma, en la que los ciudadanos seamos los auténticos protagonistas. Mejor oportunidad que esta, aparentemente de crisis política, ninguna.

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