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Carta del Editor

Cayetana no ha perdido

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Me desperté ayer -un ayer indeterminado y frecuente- pensando que solo sé que no sé nada y preguntándome, todavía en semisueño, quién fue el primero que dijo eso. Parece ser que fue Sócrates, pero, como Sócrates hablaba y no escribía, el que lo relató fue su gran discípulo, Platón, en su Apología de Sócrates.

La forma e interpretación habitual de esa famosa -y asombrosa- frase se deduce de un fragmento de esa Apología platónica griega: “Este hombre, por una parte cree que sabe algo, mientras que no sabe (nada). Por otra parte, yo, que igualmente no sé (nada), tampoco creo saber (algo)”. Lo que se deduce, pues, es que el autor de la frase (Sócrates) no dice que no sabe nada, sino que no se puede saber algo con absoluta certeza, incluso en los casos en los que uno cree estar seguro (Wikipedia). Y lo dice, en el siglo V antes de Cristo, el filósofo considerado como uno de los más grandes, si no el mayor, de la filosofía universal y que, conviene recordarlo, fue condenado y ejecutado -pudo evitar tomar la cicuta, pudo escapar, pero no quiso- en 399 a.C. El considerado como padre de la filosofía política y de la ética se había convertido en una persona (hoy universalmente conocida y exaltada) que los políticos de entonces (hoy desconocidos) ya no podían soportar, ni querían entender.

He leído el libro de Cayetana Álvarez de Toledo, “Políticamente indeseable”, una “crónica de la decepción política”. Sus opiniones son, como todas y como opinaba Sócrates, discutibles, pero en ningún caso me parecen tan ofensivas para algunos dirigentes del Partido Popular – especialmente para Pablo Casado y muy especialmente para Teodoro García Egea- como para que se organice un absurdo y torpe tumulto “popular”, que es lo que están intentando animar el PSOE de Sánchez y también el periódico La Razón, cuya inquina contra Cayetana -derivada de sus malas relaciones con el presidente del diario, Mauricio Casals, el director del mismo, Francisco Marhuenda y el ex ministro Jorge Fernández Díaz, colaborador habitual del periódico e intimo amigo de los dos antes citados- es notoria.

Cayetana, a la que conocí precisamente en un acto organizado por La Razón al que nos invitaron -a ella como miembro del grupo Libres e Iguales, a mí como presidente de Gacetas Locales- es una idealista que, inmersa en un mundo político plagado de tactistas, estaba claro que no iba a durar mucho. Tan claro como que ella no se iba a rendir, esto es, no iba a dimitir ni creo que lo haga ahora, así que la echaron de todos los cargos, pero no de todas las memorias. A eso, a las memorias de muchos españoles ha recurrido, con éxito, vía su libro.

“España se ha adentrado en el sombrío bosque de la decadencia”, escribe Cayetana en la introducción del libro. Eso, que es una triste realidad, explica lo que ella, políticamente, ha intentado hacer, ayudar a sacar a España de esa evidente decadencia. “Rescatar la democracia de las sucias mandíbulas del populismo”, otro de sus propósitos. “Zapatero sacudió la paz civil española y truncó la trayectoria de una España plenamente constituida, reformista y adulta”, el origen próximo de los males presentes. “Las relaciones entre Aznar y Rajoy fueran peor que pésimas”, un secreto a voces. “Vox se parece más a la izquierda que a la derecha”, una realidad, los extremos se tocan. “Disciplina no puede ser sinónimo de sumisión“, así debería ser, pero así no es. “García Egea es un arquetipo. Perfiles como el suyo proliferan en los partidos. Son políticos de los que no se recuerda ninguna idea original o realmente valiosa, pero que acaban imponiéndose por la pura fuerza de su ambición. Ansían el poder”, otra evidencia inocultable. “De todas aquellas conversaciones con Pablo me marché siempre con la misma sensación: tiene miedo”, es su sensación, la de Cayetana, sobre el sentimiento de Pablo Casado; además, tener miedo puede ser un defecto o una virtud, depende del origen y del momento de tal sensación.

En fin, no pretendo plagiar el libro de Álvarez de Toledo, sino recomendar su lectura. Y animarla, a ella. No es una perdedora política, como ella misma se define, sino todo lo contrario: es una persona muy valiosa, muy libre. Y la política española (no digamos la melillense) necesita, angustiosamente, políticos como ella, en ejercicio, con un horizonte de cambio y sin rendirse.

Adiós a un genio

Ha muerto Antonio Escohotado, poco, injustamente poco, conocido en España, pero inmensamente admirado por los que le conocieron y por los que le hemos leído. Fue “el último hombre libre, el primero políticamente incorrecto”, como titula El Mundo. Un genio de asombrosas inteligencia y cultura, cuyo afán consistió en “pasar de original a sabio, y de ingenioso a ecuánime”. A leer le decía estudiar. Su batalla fue -como la de Cayetana- apoyar la libertad contra el autoritarismo. Su trilogía “Los enemigos del comercio” es un monumento contra la pobreza, a favor de la libertad y en contra del control. Su “Historia general de las drogas” una lectura apasionante. El libro-entrevista de Fernando Colmenero sobre “Los penúltimos días de Escohotado”, (a su querido hijo Jorge, cuando era pequeño, le castigó sin comer hasta que se leyera las vidas paralelas de Tiberio y Cayo Graco escritas por Plutarco) es un profundo análisis de la vida, que termina con un conmovedor adiós a su vida. Adiós y hasta siempre, para un genio español, que defendía que no hay nada más dañino para el ser humano que obedecer sin razón.

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