Escribe para buscar

Local

:Carta del Editor: Melilla y los libros

Compartir

A medida que pasan los años mi interés por la lectura y por la escritura aumentan. La escritura permite objetivar el pensamiento, leí en el libro “La magia de escribir”, de JA Marina y María de la Válgoma, que mencionaban, de inicio, una frase de Max Aub (escritor español de origen francés que murió en el exilio, en México): escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir. Y ese descubrimiento es apasionante, como se demostró en el que tal vez sea el más famoso discurso de la historia de la literatura: la oración fúnebre de Marco Antonio, en el “Julio César” de Shakespeare, un discurso célebre por su hábil gestión de los sentimientos ajenos, por decir lo que se quiere decir -alabar a Julio César y soliviantar al pueblo, en su caso- sin que los que le mataron y le sucedieron en el poder se sintieran atacados.

La escritura es posiblemente el invento que ha hecho progresar la cultura humana de forma más poderosa. Las palabras vuelan, lo escrito permanece, dice un antiguo proverbio…No creemos, como algunos agoreros, que el libro vaya a desaparecer en unos años -algunos habían precisado que en 2020 (el libro, “La Magia de escribir”, se publicó en 2017, ya estamos en 2022 y el libro, en papel, no solo no ha desaparecido, sino que incluso ha crecido), y aunque así fuese, “la escritura seguirá existiendo, sea en la roca, en el papel o en la pantalla del ordenador, porque el lenguaje pertenece al hombre y es tan inseparable de él como su propia piel”, aunque no es conveniente llegar al extremo al que llegó Franz Kafka, como manifestó en su diario, en 1911: “Mi felicidad, mi habilidad y cualquier posibilidad de ser útil de alguna forma, se encuentra siempre en lo literario”

El final del libro que cito es muy elocuente: “Este libro es, ante todo, un elogio de la creación. Solo ella nos libra de la inercia, la rutina, el desencanto y el aburrimiento. Escribir es abrir un claro en el bosque de experiencias confusas, poner en limpio”. A eso, a que haya más creación y menos rutina, es a lo que quisiera contribuir.

Luchando, escribiendo, por ejemplo, contra las imbecilidades del sexismo exagerado que hoy es parte de lo considerado como políticamente correcto. Leyendo el domingo en El País Semanal un artículo del escritor Javier Marías, hijo del filósofo Julián Marías, coincido con él en que lo que sí es sexista es estar contando el número de mujeres en todo -la política, la empresa, las redacciones de los periódicos…, en todo- “como si no perteneciéramos a una única especie y no fuéramos todos iguales, y, por tanto, no resultaran indiferentes las cantidades de un sexo u otro. Esta manía que nunca termina sí que es nociva e idiota. Eso sí, a mi “no sexista” parecer”. También en el mío.

Melilla en los libros

Melilla también está en los libros. “Melilla, el huevo de la serpiente”, es un capítulo del libro del historiador Fernando García de Cortázar “Paisajes de España”. “Con el desastre de Annual como telón de fondo, Marruecos y el Protectorado incubaron el huevo de la serpiente, proporcionando a toda una generación de oficiales un sentido providencialista de la historia, cuyo protagonismo correspondía a la milicia”, destaca García de Cortázar sobre el origen histórico melillense de lo que sucedió en nuestra ciudad en aquellos años, tan lejanos y cercanos.

Hay en su libro un elogio inicial de García de Cortázar a Melilla: “Muchos españoles piensan que Melilla es un lugar al que no merece la pena ir. Algunos, los más viejos, hicieron allí el servicio militar obligatorio y la recuerdan sin (o con, según lo que yo sé) cariño. Otros, la inmensa mayoría, se dejan llevar por las imágenes de los telediarios: la triste valla y el desesperado aluvión de refugiados que intenta saltarla en busca de la gran promesa europea. Pero la ciudad autónoma conserva una rara belleza y una sorprendente arquitectura modernista que habría encantado a los protagonistas de las historias de Edgar Allan Poe. Fenicia y púnica, romana y bizantina, visigoda y beréber antes de ser conquistada para los Reyes Católicos por las tropas del duque de Medina Sidonia, Melilla posee, además, el eco de una larga historia de asaltos y asedios, cinco siglos de vida al filo del abismo, con miedo a un ataque final que rindiera su resistencia, poblada de soldados y presidiarios… Hoy, es verdad, la ciudad no tiene ya ese aire bélico que la distinguió en el pasado, pero aún se puede recorrer la antigua ciudadela que durante mucho tiempo fue lo único que los españoles pudieron defender sobre las ásperas y abrasadas tierras del Rif, y recordar la aventura colonial del Protectorado, una empresa repleta de tragedias, contada con nervio y amargura por Ramón J. Sender en Imán y Arturo Barea en La ruta.”

La historia, como escribió Claudio Sánchez-Albornoz en el prólogo de la tercera edición de su célebre “España, un enigma histórico”, está siempre empujando al ayer hacia el mañana, la historia ha contribuido y debe contribuir eficazmente a la formación de la conciencia nacional… y de la conciencia local, en nuestro melillense caso.

Dentro de pocas semanas publicaremos “MELILLA, ESPAÑA, EN PELIGRO. De la revolución islámica de 1985 hasta abril de 1999. Los primeros 14 años del diario MELILLA HOY”, contada por mí, como editor del periódico y con mis Cartas del Editor como hilo conductor de la historia del periódico, que es la historia de Melilla, durante los primeros 14 años de la vida del diario. Conocer el ayer es comprender el hoy y contribuir a un futuro -del que solo sabemos que será muy diferente del presente- mejor, con una conciencia local más formada, mejor informada, más creativa, menos dependiente de lo público y más participativa. Ya iré comentando más sobre ese libro de la historia reciente de Melilla, sobre “mi” libro, que es el libro de MELILLA HOY, el de todos los melillenses.

Deja un Comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *