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Carta del Editor

Carta del Editor| La Historia y su influencia

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Escribió Jorge Manrique en sus famosísimas Coplas por la muerte de su padre: “cómo a nuestro parecer/ cualquier tiempo pasado/ fue mejor”. ¿Lo fue? Pues quizás, en nuestra ciudad, sí, en bastantes cosas fue mejor.

Historia: el Editorial de nuestro periódico del 22 de enero de 1999 -más de 22 años atrás- destacaba que volvió mi peculiar amigo Aomar Mohamedi Duddú a Melilla, tras doce largos años de silencio. Fue recibido con cariño por muchos musulmanes melillenses y abrió, ya muy tarde, la esperanza de un cambio en la estructura político-partidista de nuestra ciudad, pero la creciente desconfianza hacia los intereses personales de Duddú, los intereses políticos creados en el colectivo musulmán melillense durante sus más de doce años de ausencia, la debilidad y la inacción del Gobierno nacional y de su delegado del Gobierno en Melilla -Enrique Beamud, al que rebauticé como el extraterrestre Gurb de la novela de Eduardo Mendoza- sumada a la orientación del dinero procedente del narcotráfico, junto con la prolongada ausencia de Duddú, derivada de su conocida e inocultable nacionalidad marroquí, impidió que sus elegidos para sustituirle políticamente pudieran/supieran lo que hacer y consiguieran su apoyo eficaz, así que no consiguieron nada.

Ese mismo día, 22 de enero de 1999, publicamos una entrevista en exclusiva con el recién llegado Duddú. El tono general: inteligente y escurridizo a veces, lo habitual en el entrevistado. Frases destacadas: “Quienes confunden la Mezquita con el Parlamento están sentando las bases de un talibalismo sin retorno”; “Melilla debe ser conocida por ser vínculo entre España y Marruecos y no por ser albergue de contrabandistas o narcotalibanes”; “En una sociedad democrática moderna no es admisible la confusión de lo religioso con lo político”. Casi todos los melillenses suscribirían entonces esas frases y las suscribiríamos aún más ahora, pero el problema es distinguir entre las que lo practican y los que no lo hacen, aunque digan lo contrario, pero que, como la experiencia demuestra, son mayoría, quizás por el determinismo histórico de los pueblos musulmanes y la ligazón mezquitas-votantes.

Cuentan que Leon Tolstoi murió convencido de que no éramos más que marionetas en manos del destino. “Los grandes hombres”, escribió en Guerra y Paz, “no son mas que etiquetas que usamos para denominar los acontecimientos”, como las campañas de Napoleón o las conquistas de Alejandro, “que no son más que el producto de la historia que los precede”. Sin abusar del determinismo histórico, sí se puede considerar que, en cierta medida, somos el producto de la historia que nos precede y también que, sin magnificar la influencia de los grandes hombres, es cierto que ciertas personas dan nombre -justa o injustamente- a cambios sociales importantes. Duddú ya es pasado melillense, pero existir existió.

Ceuta y Melilla

Como existe la evidencia de que la economía melillense y la ceutí no volverán a ser lo que fueron, que Marruecos cerró sus fronteras con ambas ciudades españolas y que no sabemos cuándo las volverá a abrir, si es que las abre alguna vez. Melilla y Ceuta se tienen que orientar e integrar plenamente en Europa, Union Aduanera incluida, manteniendo como condición indispensable las ventajas fiscales que poseemos desde hace muchos años y a las que se puede sacar mucho más partido económico del que hasta ahora se ha sacado.

Esa es la principal conclusión de la reunión de directivos de las Confederaciones empresariales ceutíes y melillenses celebrada el martes pasado en Marbella, a la que asistí -junto con alguno que creo que no debe de asistir representando a la melillense CEME en este tipo de reuniones de confraternización empresarial y defensa de objetivos generales- y en las que hay, como es lógico, miembros con distintos tipos de intereses, pero predominando la voluntad firme de avanzar conjuntamente, melillenses y ceutíes, hacia una nueva etapa económica, reconociendo que la vuelta al pasado es imposible, que la relación con Marruecos -deseablemente buena- es la que es y que las fronteras están cerradas por iniciativa de Marruecos, por lo que centrarse en los requisitos que habrían de exigirse en la frontera es ahora un ejercicio sin utilidad práctica, impropio de empresarios, ciertamente.

No va a ser fácil cambiar las economías de Ceuta y Melilla, pero no es imposible y, ademas, no hay otra solución más que intentarlo, modernizándolas, europeizándolas, privatizándolas (radical disminución de la excesiva dependencia pública) y convirtiéndolas en rentables para las dos ciudades, para Europa y, si es posible, también para Marruecos.

Posdata

La oficina de Melilla en la Unión Europea, “”como tienen otras comunidades”, dice Aberchán que quiere proponer. Efectivamente, Andalucía, Cataluña, País Vasco, Castilla y León, Valencia y Navarra tienen en la UE delegaciones de sus respectivos gobiernos autonómicos. Existen más de 160 oficinas de las comunidades autónomas en Europa. Algunas quieren abrir más, otras cerrar oficinas, para disminuir gastos.

En principio me parece bien esa propuesta de CpM, siempre que el objetivo sea dirigir más nuestra atención hacia Europa y ser plenamente europeos, para lo que es necesario entrar en la union aduanera europea, manteniendo -no incrementando, ni disminuyendo- nuestras ventajas fiscales -plenamente defendibles por historia y por nuestra situación geopolítica- e intentando que las relaciones entre Europa -Melilla ya total y formalmente integrada en Europa- y Marruecos sean las mejores posibles, controles fronterizos eficaces incluidos, y que dichas relaciones resulten positivas para los dos pueblos.

Obviamente hay un pre requisito imprescindible: que el supergafe Julio Liarte no aparezca ni participe en algo de eso, porque, si lo hace, el fracaso, como la experiencia nos demuestra, está absolutamente asegurado.

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