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Opinión

Carta del Editor| Corrupción

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Carta del Editor

Para entender, disfrutar o padecer -que de todo hay- con los artículos de Pepe Megías me parece interesante intentar descubrir quiénes son, o no, aquellos a los que corresponden los calificativos que Pepe les dedica. Paso a la tarea, con el objetivo de facilitar la labor comprensiva a sus lectores -que son también nuestros- actuando, como es habitual, bajo mi personal criterio, con el riesgo de equivocarme y advirtiendo que cualquier parecido con la realidad puede, o no, ser pura coincidencia.
Me centro en su artículo del pasado viernes. Los dos “amigos interesados que no se soportan, antes enemigos viscerales, uno permisivo, el otro imagen esperpéntica y trasnochada de concepto político atávico”, pueden ser dos políticos, Mohamed Mohand, antes consejero de la Ciudad Autónoma por el PSOE, y Mustafa Aberchán, el líder de CpM. La “jefa de la Casa Rosada”, que “fue quien le nombró”, a Mohamed y “con la que discutió porque se creó un lobby”, puede ser la socialista y delegada del Gobierno, Sabrina Moh. La “jefa política “ de Mohamed, puede ser Gloria Rojas, de la que -según cuenta Megías- Mohamed le dice a Aberchán :”no te preocupes por mi ex jefa, la tengo rodeada, es muy cobarde, ella sabe lo que yo sé”. “Jesús”, el amigo de Mohamed, podría ser el tránsfuga Jesús Delgado, con el que Mohamed dice tener “intereses comunes”.
“Tu serías un magnífico candidato, los otros dos no lo tengo muy claro” le dice “el mayor”, Aberchán, a Mohamed. De los otros dos candidatos a sucederle: “Uno es muy ambicioso, a mis espaldas critica mis decisiones”, es de suponer que Pepe Megías se refiere a Rachid Bussian. “La otra es indescifrable en sus aspiraciones; no se opone jamás, pero me crea problemas con los históricos”, probablemente es Dunia Almansouri. Y aquí pongo fin al resumen, porque prefiero no entrar en lo de “la preparación del terreno del cuartel de Santiago”, la corrupción y esas cosas tan feas. Concluyo, pero me quedo con la impresión de que si la realidad política de Melilla se parece a lo que José Megías describe e investiga, lo cierto es que deberíamos de estar aún más preocupados de lo que ya lo estamos. Y eso de que cualquier tiempo pasado fue peor, aún suponiendo que lo fuera, no es excusa alguna para los males presentes.

El idioma español como nexo de unión y desarrollo
El Mundo del sábado: entrevista al escritor y naturalista, Borja Cardelús (Madrid, 1946) que acaba de publicar “América hispánica: La obra de España en el Nuevo Mundo”, sólo el primer paso de su cruzada contra nuestra leyenda negra y en la que destaca que “es España la que debe exigir disculpas por la destrucción de Iberoamérica…dado que los dos siglos de independencia no han dado los frutos apetecidos de los llamados libertadores, que no fueron tales, sino que sumieron a Iberoamérica en la irrelevancia, la frustración y un subdesarrollo que no tiene solución”.
“De Iberoamérica no quedará absolutamente nada. Será un continente yermo donde vivirán muchedumbres mendicantes, con suelos improductivos , sin recursos naturales, sin infraestructuras organizativas y empresariales productivas ni clases medias como las que levantan los países… Iberoamérica es una creación de España, que se está destruyendo, y es España la que tiene que empezar a exigir disculpas a algunos dirigentes, absolutamente impresentables, de Latinoamérica porque España dejó un continente intacto en recursos naturales o en población local, con una hacienda cultural enormemente mejorada, y hoy todo eso está destrozado; son dirigentes que mezclan la ignorancia con la mala fe… Es muy grave que España no haya defendido su obra, su legado en América. España ha dejado que se destruya su imagen sin una queja”.
Sobre nuestro idioma: “El español, la lengua que compartimos casi 600 millones de personas en el mundo, está en gravísimo peligro, y no se está defendiendo, lo vemos en nuestro propio país… Es preocupante la pérdida de peso internacional de España. Cuando los países se enredan en conflictos internos y partidistas pierden relevancia… La América hispánica habría tenido una relevancia extraordinaria en el mundo, pero con la fragmentación perdió la oportunidad, son naciones percibidas nada más que como productores de materias primas a precios irrisorios”.
En mis numerosos viajes a Hispanoamérica – o Ñamérica, como la llama Martín Caparrós- tuve ocasión de entrevistarme con muchos políticos importantes de muchos de esos países, presidentes incluidos. En todos noté, más allá de declaraciones oficiales, nostalgia de España, lamentos por unas oportunidades perdidas, lo que no se habría producido si no se hubiera perdido el contacto intenso con España y si tampoco se hubiera producido la fragmentación del continente en tantos países tan poco diferentes y con un nexo de unión tan poderoso como el idioma español, cuidado por las veintitrés Academias que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española.
“El español es un idioma que hace grande a todas nuestras naciones”, declaró el viernes el Rey Felipe VI en el acto de conmemoración del 70 aniversario de la creación de la Asociación de Academias, que se creó en México en 1951. Tiene razón y es lamentable que se desperdicie, tanto, tamaño instrumento de unión, empezando por lo que está ocurriendo en nuestro propio país, la cuna del idioma.

Posdata
La muerte, el pasado sábado, de Manolo Santana es la de uno de los grandes hombres de España. Su talento tenístico, con facultades físicas limitadas, era el asombro mundial. Cómo llegó a la cúspide del tenis partiendo de tan pocos medios y tan escasos recursos -yo fui socio en Madrid del club donde Santana había sido recogepelotas y donde empezó a jugar- fue la admiración y la referencia de muchos españoles. Sus cuatro grandes torneos ganados, incluyendo la hierba de Wimbledon -terreno vedado para los españoles hasta entonces- la materialización de un sueño. Su personalidad ya de mayor, ya enfermo -le traté en Marbella en sus últimos años- tan admirable como lo fue su tenis. Además, el madridismo ha perdido a uno de sus grandes. Descansa en paz, te lo mereces, gran, inmenso, eterno Manolo.

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