Caos en el aeropuerto. La delegada del Desgobierno

La Semana. MH, 27/04/2026

Por: J.B.

 

Melilla, aislada por aire: un problema crónico sin resolver

El panel del Aeropuerto de Melilla repite una palabra con demasiada frecuencia: cancelado. No es una anomalía puntual, sino la expresión visible de un problema estructural que lleva años lastrando la conectividad de la Ciudad Autónoma. La combinación de limitaciones técnicas, condiciones meteorológicas adversas —especialmente las nubes bajas— y una respuesta institucional nula convierten cada episodio de mal tiempo en un colapso casi garantizado.

La combinación de limitaciones técnicas, condiciones meteorológicas adversas —especialmente las nubes bajas— y una respuesta institucional nula convierten cada episodio de mal tiempo en un colapso casi garantizado

Un aeropuerto a merced de las nubes

La escena se repite con preocupante regularidad. A finales de abril de 2026, prácticamente todos los vuelos programados fueron cancelados en una sola mañana debido a la baja visibilidad provocada por nubes bajas, según el gestor aeroportuario AENA. No se trata de un caso aislado: en febrero, la ciudad llegó a permanecer tres días consecutivos prácticamente incomunicada por vía aérea por el mismo motivo.

El problema no es únicamente meteorológico, sino técnico. El sistema de aproximación actual obliga a los aviones a mantener una altitud mínima relativamente alta; si no hay visibilidad suficiente al descender, la maniobra debe abortarse. En Melilla, donde el techo de nubes suele situarse por debajo de ese umbral, el resultado es previsible: desvíos o cancelaciones en cadena.

Caos recurrente y perjuicio ciudadano

Las consecuencias van más allá de la incomodidad puntual. Decenas o cientos de pasajeros quedan atrapados, sin alternativas rápidas de transporte. Eventos multitudinarios (por ejemplo: más de 50 comuniones el pasado fin de semana, a las que muchos no llegaron) o periodos de alta demanda agravan la situación, generando escenas de saturación, hastío y desinformación.

El malestar social y político es creciente. Los representantes locales (y la gran mayoría de la población) coinciden en el diagnóstico: la conectividad aérea de Melilla es inestable y provoca graves perjuicios a los residentes, a la economía local y a los visitantes/turistas (cuyos billetes son, además, si no tienen la suerte de poder coger algún bono, entre caros y carísimos).

La Delegación del Desgobierno, en el centro de las críticas

Desde el Ejecutivo local se ha denunciado que el Gobierno central —y, por extensión, su representación en la ciudad— “no ha hecho absolutamente nada” para mejorar la conectividad aérea.

Las críticas no son nuevas, pero sí cada vez más contundentes. Responsables políticos locales insisten en que la gestión aeroportuaria es competencia estatal y reclaman una implicación real, más allá de declaraciones o estudios. Incluso se ha llegado a señalar una falta de voluntad política para abordar un problema que afecta de forma directa al día a día de los melillenses.

Desde instancias gubernamentales se ha llegado a argumentar que las cancelaciones por causas meteorológicas tienen “difícil solución”, lo que sólo puede interpretarse como resignación institucional. El Gobierno de Sánchez y compañía no quiere (al menos es lo que parece) abordar una estrategia activa de mejora. El por qué Melilla y su futuro no interesan a Sánchez es algo desconocido, aunque las sospechas apuntan a su “relación” con Marruecos.

¿Tiene solución el problema? Sí, y además no es una incógnita técnica. Existen varias medidas identificadas desde hace años

¿Tiene solución el problema?

Sí, y además no es una incógnita técnica. Existen varias medidas identificadas desde hace años:

  1. Nuevos sistemas de aproximación (RNP o GPS)

La implantación de procedimientos de aproximación más avanzados permitiría reducir la altitud mínima de descenso y operar con mayor seguridad en condiciones de baja visibilidad. Esta es la solución más repetida por expertos y autoridades locales, y podría reducir significativamente las cancelaciones.

  1. Modernización de infraestructuras

Aunque hay planes a medio plazo para ampliar instalaciones, el problema principal no es de capacidad, sino de operatividad en condiciones adversas. Aun así, mejoras integrales ayudarían a aumentar la resiliencia del sistema.

  1. Refuerzo operativo y planificación aérea

Medidas como bases permanentes de aeronaves, flotas de reserva o mejor coordinación logística pueden mitigar el impacto de incidencias, aunque no resuelven el problema de fondo.

  1. Estrategia institucional coordinada

Este es el déficit principal: la ausencia de una hoja de ruta clara, por parte del Gobierno central, que priorice la conectividad de Melilla como una cuestión estratégica.

Un problema técnico con dimensión política

El caso del aeropuerto de Melilla ilustra cómo una limitación técnica puede convertirse en un problema político cuando se prolonga en el tiempo sin que se aplique solución efectiva alguna. Las nubes bajas seguirán formando parte del clima local; lo que está en cuestión es si las infraestructuras y la gestión pública están a la altura para afrontarlas.

El problema no es meteorológico (que también), sino de prioridad política.

Tiene mucha razón en sus críticas, en una conocida red social, Miguel Marín cuando le exige a nuestra “delegada del Desgobierno” (esto es cosa mía) que haga algo después de 8 años tumbada a la bartola

Tiene mucha razón en sus críticas, en una conocida red social, Miguel Marín cuando le exige a nuestra “Delegada del Desgobierno” (esto es cosa mía) que haga algo después de 8 años tumbada a la bartola. Es urgente, dice Marín (con mucha razón) “la implantación de un sistema de aproximación para operar con baja visibilidad, la ampliación de la pista del aeropuerto y OSP para tener billetes baratos y aviones de reserva en casos de avería”.

El problema de fondo es que Melilla tiene una “delegada del Desgobierno” que bien podría ser sustituida por una piedra o un mosquito (por su baja inteligencia) y ningún melillense notaría la diferencia. Es la delegada de un Gobierno, el sanchista, al que Melilla importa poco o nada. Es prescindible porque no aporta nada a Melilla, pero ahí seguirá, haciendo como que hace. Hay múltiples ejemplos, pero los más sangrantes son: una frontera de vergüenza y un aeropuerto de pandereta.

Nota: El arquitecto local Antonio Juan Pérez Muiño tiene un estudio para ampliar la pista que resolvería gran parte del problema y que se podría realizar en un año. ¡A lo mejor hay suerte y nuestra delegada (por indicación, faltaría más, de su Dios) se pone a trabajar y contacta con él!

 

 

 

 

 

 

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JB

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