El problema de la armonización fiscal es que requiere una previa armonización mental. Si algún día la sociedad española en su conjunto consigue ésta, se verá como la cosa más natural del mundo no solo que sea la riqueza desmedida, y no el trabajo o el ahorro, la que soporte el grueso de la presión recaudatoria, sino que, por ejemplo, ningún rico desmedido simule residir en Madrid para pagar menos impuestos, cual al parecer sucede en muchos casos por no existir armonización ninguna, ni vergüenza. La armonización fiscal, esto es, que las comunidades autónomas no aprovechen su amplio margen de política fiscal para convertirse, en detrimento de otras, en domésticos paraísos fiscales, es una cosa tan lógica y necesaria que no extraña que a algunos les parezca aberrante, particularmente a los grandes beneficiados de la desarmonía. Dejando a un lado, que ya es dejar, la incontestable y capital circunstancia de que a menos impuestos, menos sanidad, menos educación, menos vivienda pública, menos justicia y menos de todo, el modelo actual de fiscalidad heteróclita socava no solamente los principios irrenunciables en democracia de la igualdad y la solidaridad, sino que le arrea un hachazo de padre y muy señor mío a eso que los enemigos de la armonización fiscal dicen amar y defender tanto, la unidad de España. El problema de la armonización fiscal que tan torpemente anuncia el Gobierno (que presenta de manera torpe y antipática cuanta cosa buena se le ocurre) es que no hay un ambiente armónico en el que nacer y desarrollarse, particularmente el mental. Porque, ¿cómo se explica que en momento crucial de la pandemia, cuando ésta nos tiende de nuevo la burda trampa de su desfallecimiento, las multitudes se hacinen en las calles comerciales de las grandes ciudades y vagabundeen por ellas codo con codo bajo las lucecitas que desprenden éste año un halo peligroso y un punto siniestro? Si de esa desarmonía mental que padecemos se deduce un cierto infantilismo social, ¿por qué no habrá de ser la vacuna obligatoria, como lo es para los niños? Si no se viera tanta gente haciendo el lila por las calles, la armonización fiscal y de cualquier otro tipo se vería, aunque parezca raro, más cerca.
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Armonización y hacinamiento
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