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Editorial

Algo tiene que cambiar. Encuéntrelo

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Ilustración editorial

El Gobierno socialcomunista español, otro paso más hacia el abismo, pretende implantar un Real (ya veremos por cuanto tiempo eso de “Real Decreto de Evaluación, Promoción y Titulación (otro pomposo nombre para una pésima idea, la de considerar el mérito en la formación educacional como un demérito) que ha desatado la indignación de los “no progres”. “El Gobierno entierra el mérito” era el titular de primera página de El Mundo, el miércoles, con una frase en su Editorial que pronosticaba lo que va a ocurrir: “el paternalismo educativo de hoy es el camino más corto hacia la frustración de mañana”. Vamos de frustración a más frustración.
PSOE y Unidas Podemos acuerdan ahora, para añadir más desastre a los múltiples desastres, anular la Ley de Amnistía, utilizando la nefasta Ley de Memoria Democrática. Para “revisar los crímenes del franquismo”, dicen. Para eliminar la monarquía constitucional, dicen otros. Para borrar la Transición y, de paso, la Constitución del 6 de diciembre de 1978, votada entonces, entre otros muchos diputados, por los comunistas Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri, La Pasionaria, que eran diputados desde el 15 de junio de 1977, fecha de las elecciones consideradas como constituyentes y a las que el Partido Comunista de España (PCE) se presentó, tras ser legalizado.
A la muerte de Santiago Carrillo, el 18 de septiembre de 2012, el por entonces Rey de España, Juan Carlos I, declaró: “fue una persona fundamental para la Transición y la Democracia”. Años antes Carrillo había declarado ante el Comité Central de su partido, comunista, “estamos convencidos de ser a la vez enérgicos y clarividentes defensores de la unidad de lo que es nuestra patria común y hemos decidido colocar hoy aquí, en la sala de reuniones del Comité Central, al lado de la bandera del partido, la bandera del Estado español”. Eran otros tiempos. Carrillo, por lo que ahora se ve, estaba equivocado. Los que aciertan, parece ser, son Pedro Sánchez y los nuevos comunistas podemitas, cuyas ideas las resume muy bien la presidenta de la Comunidad más próspera de España: “Los españoles en situación vulnerable son lo último en la agenda de Pedro Sánchez. Miseria, ruptura, subvención y guerra civilísimo. He ahí el camino”, extraordinario twitter de -lo siento, falsos progres- Isabel Díaz Ayuso, que es, en sí misma, un cambio.
Vi hace unos días en Netflix la película Worth (valor, en español). El tema era cómo funcionó el Fondo de Compensación que el Gobierno norteamericano creó para pagar a los familiares de los que murieron el 11 de septiembre de 2001 en el atentado contra las Torres Gemelas neoyorquinas, que causó 7.000 víctimas, por cada una de las cuales el Fondo aprobó pagar 200.000 dólares a sus familiares, a todos igual.
Un famoso y respetado abogado norteamericano, sin cobrar, fue nombrado Magistrado Especial y se encargó de intentar llegar a un acuerdo con los familiares de las víctimas, para evitar las denuncias y los largos juicios de tantas instituciones y personas. El Gobierno aceptó lo que él decidiera sobre el reparto de los fondos, siempre que al menos el 80% de los familiares afectados aceptaran el acuerdo de cobrar todos -ricos o pobres- lo mismo, esos 200.000 dólares para cada familia. El abogado, sujeto a las normas burocráticas, dejó claro desde el principio, a todos, que no había cambio posible en esas normas, de manera que días antes de vencer el plazo para evitar, o no, los innumerables, caros y largos juicios, no se había conseguido ni el 15% de firmantes del acuerdo. Todo cambió, casi en el último momento. El abogado atendió el consejo de un bienhechor, esposo de una mujer muerta en el ataque: “Algo tiene que cambiar. Encuéntrelo”.
Lo que cambió fue que el abogado empezó a atender a las personas, a los individuos y sus problemas, no a los papeles burocráticos y a todos como parte de un grupo, de un rebaño. Que, como dice la sinopsis de la película “se dedicó a luchar contra el cinismo, la burocracia y la política relacionada con la administración de fondos públicos, batalla que le llevó a descubrir el verdadero significado de la vida”. La respuesta al trato individual fue fulminante: más del 97% de los afectados firmaron finalmente el acuerdo y pudieron cobrar en un plazo razonable. Efectivamente, algo tenía que cambiar y alguien encontró la manera de hacerlo.

Planes de Desempleo
Eso es exactamente lo que no encuentra la estructura política -nacional y local- de Melilla. El contento y la risa con los que la delegada del Gobierno de Sánchez en Melilla, Sabrina Moh, comunica que el Plan de Empleo de la Delegación contratará a 1.000 parados, contrasta con la dura realidad de que los llamados Planes de Empleo son, en realidad, en la práctica, Planes de Desempleo, que solo sirven para -retorciendo el lenguaje una vez más- intentar enmascarar la triste realidad de la pobreza económico de Melilla, derivada de una administración pública leviatánica y su inevitable consecuencia, un paro estructural inmenso.

Posdata
Me envió el miércoles Aomar Duddú, con “Saludos y abrazos”, un wasap, con una intervención del inolvidable Chiquito de la Calzada que, como pude comprobar después, muchos melillenses ya conocían: “Le dice uno a otro, yo no te conozco de nada pero te voy a preguntar una cosa a ti, por la gloria de mi madre, ¿tu crees en el más allá? ¡Cómo no voy a creer, hijoputa, si yo vivo en Melilla!” Muchas risas, causó la respuesta a los que asistían al espectáculo del Chiquito de la Calzada, pero no estoy seguro de que a nosotros, melillenses, nos debiera causar tanta alegría. Más bien creo que, tal y como va la ciudad, nos debería ocasionar bastante tristeza.

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1 Comentario

  1. Agapilú 21/11/2021

    Se te terminó el chollo, chochín.

    Responder

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